Por Minoru Harada · Para el número de septiembre de 2025 de Daibyakurenge
Tanto la felicidad como la paz comienzan en cada hogar, y desde allí se extienden hacia las comunidades y el mundo circundante. En definitiva, el punto de origen de ambas es nuestro corazón.
Quienes toman la iniciativa en las familias, en los lugares de trabajo, en los vecindarios y en la primera línea del kosen-rufu, con un infaltable espíritu de maestro y discípulo, son las nobles mujeres de la Soka Gakkai.
El Centro Internacional Soka de la Mujer se inauguró el 8 de septiembre de 2000, en coincidencia con una fecha trascendental, imborrable en la historia de nuestro movimiento de paz.[1] Que este magnífico palacio dedicado a las mujeres abriera sus puertas en esa fecha tiene un significado profundo.
Un día después, el 9 de setiembre, Ikeda Sensei visitó el nuevo edificio por primera vez, acompañado de su esposa. Dirigió el gongyo solemnemente y, luego, alentó afectuosamente a las asistentes con estas palabras: «Oremos por la felicidad de todas las personas. Oremos por la victoria». En absoluta «coherencia del principio al fin», alineadas con el propósito de su maestro, las integrantes del Departamento de Mujeres de la Soka Gakkai siguen cultivando con entusiasmo un jardín de felicidad y victorias cada vez más exuberante.
Cuando Laureana San Pedro Rosales, fundadora de la prestigiosa Universidad Capitol de las Filipinas, visitó el Centro Internacional Soka de la Mujer (en 2004), expresó su convicción de que el mundo será, sin falta, un lugar mejor a medida que más y más mujeres de la Soka se levanten a transmitir la filosofía de paz del maestro Ikeda. Estas palabras tienen el peso moral de una sobreviviente de la trágica Marcha de la Muerte de Bataán.[2] Ciertamente, nuestras compañeras de fe resplandecen como brillantes faros de esperanza para la humanidad; son nobles emisarias de la paz.
Durante su visita, la señora Rosales se mostró profundamente conmovida al escuchar una vibrante canción de bienvenida que le dedicó el Coro Infantil Esperanza Fuji, formado por alumnos de primaria. En septiembre de este año, el Departamento de Estudiantes de Primaria celebrará su sexagésimo aniversario.
Nichiren Daishonin, el Buda del Último Día de la Ley, seguramente estará elogiando la sincera dedicación de los progenitores y los responsables de los integrantes de ese departamento, así como de todos los miembros de la familia Soka que, con tanto amor, están cuidando, forjando y guiando a estas preciosas joyas del futuro, fieles al espíritu del Daishonin de que «¡no hay tesoro más grande que un hijo!».[3] Ikeda Sensei siempre valoró a los niños y los consideró personas íntegras y dotadas de individualidad; se relacionó con ellos con la convicción de que la misión que encarnaban era más grande que la suya propia. Su sinceridad y afecto dejaron una impronta indeleble en todos los que tomaron contacto con él.
En una serie de artículos que, por encargo de una revista para mujeres, comenzó a escribir en septiembre de 1965 –el mismo mes en que se fundó el Departamento de Estudiantes de Primaria–, Sensei comparó a la familia con un avión, explicando que, en un hogar sano, la estabilidad y el equilibrio del vuelo se mantienen acometiendo los feroces vientos de la sociedad y avanzando firmemente hacia un objetivo común.
A través de nuestro cálido aliento y de dar nosotros mismos el ejemplo, transmitamos a la siguiente generación ese espíritu invencible, que les permitirá convertir cualquier adversidad en una fuerza impetuosa para cobrar altura y volar. Esto, a su vez, será el firme cimiento que hará de la Soka Gakkai un castillo inexpugnable. La familia y la comunidad local son el escenario principal de esta labor.
En el tramo final de este año, adoptemos y pongamos en acción la sabiduría y el espíritu heredados de nuestro maestro, mientras construimos fortalezas de felicidad en el lugar donde estemos cumpliendo nuestra misión.
(Traducción del artículo publicado en la edición de setiembre de 2025 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).
[1] Un El 8 de septiembre de 1957, el segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, presentó su proclama declaración por para la abolición de las armas nucleares. Es, asimismo,l 8 de septiembre es también la fecha en que el presidenteDaisaku Ikeda: propuso normalizar las relaciones entre el Japón y la China, en 1968; la fecha en que concretó su primer viaje a la Unión Soviética, en 1974, ; y la fecha en que dispuso que el Seikyo Shimbun publicara la entrega final de su novela, La nueva revolución humana, en 2018.
[2] Marcha de la Muerte de Bataán: Durante la Segunda Guerra Mundial, en la península filipina de Bataán, el ejército japonés obligó a miles de prisioneros de guerra y civiles a marchar bajo un sol calcinante. Se estima que esa marcha forzosa causó la muerte de unas veinte mil personas.
[3] El tesoro de la devoción filial, en Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2020, pág. 1091.