Por Minoru Harada · Para el número de diciembre de 2025 de Daibyakurenge
El mayor orgullo de la Soka Gakkai es haberse mantenido siempre en relación directa con Nichiren Daishonin.
Los tres presidentes fundadores, unidos por lazos profundos e inquebrantables de maestro y discípulo, han hecho realidad valientemente el rugido de león del Daishonin –su deseo de guiar a todos los seres humanos a la felicidad– a través de su firme y constante labor por el kosen-rufu en todo el mundo. Y cada uno de nosotros, como compañeros de fe que luchamos siempre junto al maestro y como continuadores de sus pasos, somos Bodisatvas de la Tierra que compartimos una trascendente misión.
La verdadera nobleza de los miembros de la Soka Gakkai reside en el sincero afán de encarnar las enseñanzas de Nichiren Daishonin en nuestra vida diaria. Ese espíritu se revela claramente en el siguiente pasaje: «“Alegría” significa el regocijo que experimenta uno a la par de los demás».[1] Se trata de una frase del Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente en la que el Daishonin condensa, de manera esencial, el corazón de maestro y discípulo.
Con tal de ayudar a los demás a ser realmente felices, nuestros compañeros no escatiman tiempo ni esfuerzos. Procedemos así porque entendemos que este accionar altruista es el basamento de nuestra propia revolución humana y nuestra transformación kármica. Sin cálculo alguno, sin especular con la recompensa, sencillamente tendemos las manos con inmensa sinceridad para apoyar y alentar a quienes nos rodean.
Constituye una trayectoria indestructible que, en el transcurso de este año, hayamos avanzado con espíritu incansable y en íntimo diálogo constante con nuestro mentor. Como tal, tengamos la certeza de que el beneficio que hemos adquirido con esta dedicación será absoluto y resplandecerá con intensidad a lo largo del eterno futuro.
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En diciembre de 1990, hace treinta y cinco años, el clero de la Nichiren Shoshu modificó de manera unilateral las normas que regulaban su funcionamiento y destituyó a Ikeda Sensei de su posición como representante titular de todas las organizaciones laicas. Un mes antes de que esto ocurriera, durante una reunión de la sede central para responsables, nuestro maestro había brindado orientación inspirada en la vida del gran compositor Ludwig van Beethoven, animándonos a superar cada sufrimiento para elevarnos hasta la alegría. En esa actividad, propuso que los miembros entonáramos, en alemán original, el «Himno a la alegría» de la Novena Sinfonía. Este acto fue criticado con dureza por los sacerdotes, quienes vieron en ello una alabanza a enseñanzas no budistas. Con esa acusación, pusieron de manifiesto su incapacidad de valorar la cultura como fuerza elevadora y unificadora de la humanidad.
Un año después, la Soka Gakkai proclamó su independencia espiritual del clero. A partir de entonces, liberados del yugo de su opresión autoritaria, pudimos iniciar nuestro ascenso como movimiento religioso global. Esta transformación muestra que, en todas partes, hay una profunda expectativa hacia la esencia de la filosofía de Ikeda Sensei: una religión que existe en bien de la felicidad y la dignidad de todas las personas.
Ikeda Sensei nos alentó siempre a avanzar unidos al inquebrantable compromiso del Daishonin con la verdad y la justicia. Recuerdo que, en mi época en el Departamento de Jóvenes, estando en el Centro de Conferencias de Kansai nos instruyó sobre el espíritu de levantarnos por voluntad propia para confrontar el maltrato que ejercían sacerdotes corruptos e ingratos. En el corazón de nuestro maestro siempre palpitó una ardiente y apasionada convicción en el humanismo.
En el Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente también se lee: «Gran alegría es lo que uno experimenta cuando comprende, por primera vez, que su mente (o vida) ha sido un buda, desde el mismísimo comienzo».[2] ¡Cuán nobles son las personas que propagan y transmiten a otros la Ley Mística, una oda al triunfo de la humanidad!
Hoy, adoptando como base las grandes enseñanzas del budismo Nichiren, ¡entonemos canciones de alegría que resuenen desde lo más profundo de nuestros corazones y hagamos que reverberen en cada lugar, dedicando esta gloriosa sinfonía de felicidad y de victoria a nuestro maravilloso maestro del kosen-rufu mundial!
(Traducción del artículo publicado en la edición de diciembre de 2025 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).
[1] The record of the orally transmitted teachings (Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente), trad. por Burton Watson, Tokio: Soka Gakkai, 2004, pág. 146.
[2] Ib., págs. 211-212.