La lucha conjunta del maestro y sus discípulos


Asumir nuestra naturaleza intrínseca de Bodisatvas de la Tierra


Parte XI de la serie de disertaciones de Daisaku Ikeda titulada Una religión de revolución humana, perteneciente a la más amplia serie Iluminando el mundo con el budismo del sol.

En este mes en que celebramos la fundación de la Soka Gakkai, quisiera confirmar un punto esencial: la misión fundamental de nuestra organización es lograr el kosen-rufu, la propagación amplia y universal de la Ley Mística, que es el deseo de Nichiren Daishonin.

Esto se sustenta en la convicción de que la Soka Gakkai es la comunidad armoniosa de Bodisatvas de la Tierra convocada por el Buda del Último Día de la Ley, y es la organización que ha jurado poner en práctica la voluntad del Buda.

Cuando nos dedicamos al kosen-rufu junto a la Soka Gakkai, activamos y expresamos nuestra naturaleza intrínseca de Bodisatvas de la Tierra. Avanzar con esta dignidad y convicción significa no temer a nada, porque no hay obstáculo que nos pueda detener. Los miembros de la Soka Gakkai que perseveran valientemente en la fe, con la voluntad de lograr el kosen-rufu, tienen asegurado un estado de vida magnífico, caracterizado por la «ilimitada alegría de la Ley».[1]

UNA MAREA EMERGENTE DE DESARROLLO GLOBAL

Ha llegado una nueva época, en la cual nuestros miembros, conscientes de este honor supremo y de su misión como Bodisatvas de la Tierra, están desafiándose con entusiasmo y recorriendo el gran camino del kosen-rufu en todo el mundo. Hoy, a cada momento, las 24 horas del día, hay compañeros en algún lugar del planeta entonando Nam-myoho-renge-kyo y transmitiendo a sus semejantes las enseñanzas humanísticas del budismo Nichiren. Como Bodisatvas de la Tierra, están emprendiendo infinidad de diálogos en el mundo. En esta iniciativa de encontrarnos a dialogar con una persona tras otra, estamos expandiendo continuamente nuestra red de paz y de felicidad dedicada a construir una sociedad de respeto a la dignidad de la vida. De esa forma, estamos haciendo realidad la visión del kosen-rufu expresada en este pasaje del Sutra del loto: «[H]aré que [el Sutra del loto] sea ampliamente propagado en todo Jambudvipa [es decir, en todo el mundo] y me ocuparé de que nunca se extinga».[2]

Hemos llegado a una época de desarrollo impresionante para nuestro movimiento; es como una corriente que, habiendo comenzado como una gota de agua, se convierte en un río caudaloso que irriga inmensas tierras. Otro aspecto es que la labor del kosen-rufu mundial está siendo desempeñada por personas de todas las generaciones, lo cual se traduce en una marea emergente de gran desarrollo.

El surgimiento de Bodisatvas de la Tierra contemporáneos, dedicados a cumplir su misión en filas cada vez más numerosas, es en sí mismo una notable prueba de la «transmisión del budismo al oeste» que anticipó el Buda del Último Día de la Ley.

EL CONSTANTE DESEO DEL BUDA ES QUE TODAS LAS PERSONAS LOGREN LA ILUMINACIÓN

Muchos miembros tienen presente en su corazón las últimas palabras del capítulo «Duración de la vida» (16.o) del Sutra del loto, que recitamos todas las mañanas y las tardes durante el gongyo. «Mi pensamiento constante es / cómo hacer para que los seres vivos / accedan al Camino insuperable / y adquieran rápidamente el cuerpo de un buda».[3]

[Cuando recitamos el gongyo, esta frase corresponde a los versos: «Mai ji sa ze nen I ga ryo shujo. Toku nyu mu-jodo. Soku joju bu shin»].

Este pasaje aparece en la parte del capítulo «Duración de la vida» donde se revela que la vida del Buda es eterna y está siempre presente, desde el tiempo sin comienzo.[4] Hay un profundo significado en el hecho de que esta parte fundamental termine, precisamente, enunciando el deseo del Buda.

La frase «mi pensamiento constante» también podría expresarse como «el pensamiento que siempre ocupa mi mente». Ese pensamiento permanente es esforzarse sin pausa en este mundo saha[5] para permitir a todos lograr la iluminación, con el sincero deseo de que cada persona sea feliz. Este es, al mismo tiempo, su juramento.

Nichiren Daishonin se refiere al pensamiento incesante que ocupa la mente del Buda como «el juramento compasivo del Buda».[6] Es con esta idea constante del Buda como la Soka Gakkai ha promovido el kosen-rufu en el mundo. Y es con los firmes lazos de lucha conjunta que hemos creado los maestros y discípulos de la Soka como la Ley Mística se ha propagado en 192 países y territorios.

El budismo Nichiren es una enseñanza basada en la inseparabilidad de maestro y discípulo, y en su trabajo compartido. En esta entrega, dediquémonos a explorar el significado de esa lucha conjunta.

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[Con respecto al término «lanzar el rugido del león» (en japonés: sa shishiku):] El rugido del león (shishi ku) es la prédica del Buda. La prédica de la Ley significa predicar el Sutra del loto y, más específicamente, la prédica de Nam-myoho-renge-kyo.
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El primer shi de la palabra shishi o ‘león’ [que significa “maestro”] es la Ley prodigiosa [o Ley Mística] que transmite el maestro. El segundo shi [que significa “hijo”] es la Ley prodigiosa que reciben los discípulos. El “rugido” [ku] es el sonido del maestro y el discípulo que oran al unísono.

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El verbo «lanzar» o «proferir», sa, debe interpretarse en este caso como «iniciar» o «lanzar». Se refiere al inicio de Nam-myoho-renge-kyo en el Último Día de la Ley.[7]

EL KOSEN-RUFU ES UNA LUCHA DE PALABRAS PARA PROCLAMAR LA VERDAD

El primer pasaje que estudiaremos pertenece al Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, donde el Daishonin afirma que el «rugido del león» se refiere a la recitación y a la propagación de Nam-myoho-renge-kyo que el maestro y el discípulo hacen juntos.

En el budismo Nichiren, el deseo del Buda –un rey león– es triunfar sobre todas las expresiones de la función demoníaca y permitir a cada persona construir una vida feliz, mediante ese gran «rugido de león» que tiene el poder de orientar la realidad en dirección positiva.

Aquí, el Daishonin nos enseña que la esencia del rugido es la lucha conjunta del maestro y el discípulo.

Mi mentor Josei Toda, el segundo presidente de la Soka Gakkai, no solo enunció la verdad como un león rugiendo, sino que a menudo exhortaba de esta manera a los jóvenes: «El kosen-rufu es una batalla de palabras, de modo que ¡hablen, infatigablemente!»; también decía: «Dado que estamos afirmando algo verdadero, expresemos la verdad exactamente tal como es!».

El kosen-rufu es una confrontación espiritual para vencer las funciones y pulsiones destructivas que residen en lo profundo de la vida humana y que causan la infelicidad. Por su dedicación a enarbolar el estandarte de la Ley Mística, el movimiento de la Soka Gakkai ha sido atacado con hostilidad y malicia, de todas las maneras concebibles, con el fin de causar su destrucción. Pero nosotros, unidos por los lazos de maestro y discípulo, siempre hemos prevalecido a fuerza de proclamar juntos lo verdadero y lo correcto.

El gran rugido que el mentor y los discípulos lanzan al unísono es lo que nos permite contrarrestar la oscuridad o ignorancia fundamental,[8] y abrir paso a la naturaleza de la iluminación fundamental, o naturaleza del Dharma.

TANTO EL MAESTRO COMO EL DISCÍPULO LANZAN EL MISMO RUGIDO DE LEÓN

El rugido del león –el clamor imponente del rey de las bestias– se utiliza en muchas escrituras budistas como analogía para describir la prédica del Buda y la forma en que este, con actitud intrépida y serena, proclama la verdad.

Durante la asamblea del Sutra del loto, el Buda revela su intención y su deseo de confiar la propagación amplia de la Ley Mística a sus discípulos en la época oscura posterior a su muerte y, de ese modo, preparar el camino para la iluminación de toda la humanidad. Lo hace en el capítulo «El surgimiento de la torre de los tesoros» (11.o), a través de una serie de intercambios que se conocen como las «tres proclamas».[9]

Sus discípulos bodisatvas responden a esta llamada con un juramento que se expresa en la parte en verso con la cual finaliza el capítulo «Aliento a la devoción» (13.o).[10] Allí se comprometen a triunfar sobre los tres enemigos poderosos[11] del budismo y a difundir ampliamente el Sutra del loto después del fallecimiento de su maestro. En esta parte, lanzan en presencia del Buda su propio «rugido de león».[12]

Entonces, el rugido que normalmente se aplica al Buda y a su prédica de la Ley aquí se refiere al juramento que expresan sus discípulos. Es así, porque lo hacen con el mismo compromiso que su maestro o mentor, el Buda.

La lucha conjunta del mentor y los sucesores es sinónimo de la inseparabilidad de maestro y discípulo, ambos unidos por el mismo compromiso compartido.

SEMBRAR LAS SEMILLAS DE LA LEY MÍSTICA EN EL CORAZÓN DE TODAS LAS PERSONAS

En este pasaje del Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, el Daishonin no solo interpreta el rugido del león como la lucha conjunta del mentor y sus discípulos, sino que, además, revela claramente la esencia del rugido, la naturaleza fundamental de la enseñanza que se está proclamando.

El rugido se refiere a la prédica del Buda que expone, libre e intrépidamente, la enseñanza para la iluminación del género humano. Esta enseñanza es el Sutra del loto y, en el Último Día, es Nam-myoho-renge-kyo.[13]

El Daishonin señala: «El primer shi de la palabra shishi o ‘león’ [que significa “maestro”] es la Ley prodigiosa [o Ley Mística] que transmite el maestro. El segundo shi [que significa “hijo”] es la Ley prodigiosa que reciben los discípulos».[14] Desde luego, la enseñanza que se imparte y la enseñanza que se recibe son la misma, son una sola. Por ende, el «rugido» es el potente sonido del kosen-rufu, el sonido del maestro y el discípulo unidos en la práctica y la transmisión de la Ley Mística.

En la frase «lanzar el rugido del león», (en japonés, sa shishi ku), el Daishonin interpreta el verbo sa [literalmente, «hacer» o «emitir»] como sinónimo de «dar inicio» a Nam-myoho-renge-kyo en el Último Día de la Ley.[15] Desde el punto de vista del discípulo, «dar inicio» quiere decir ponernos de pie por propia iniciativa y trabajar con el mismo espíritu que nuestro mentor para difundir la Ley Mística con el deseo de que los demás sean felices. Esta es la postura fundamental de los discípulos del Buda.

Tal como enseña este pasaje, los miembros de la Soka Gakkai se han armado del «coraje de un rey león»,[16] como camaradas Bodisatvas de la Tierra, y han arremetido en su esfuerzo en bien del kosen-rufu, sin detenerse ante ningún obstáculo o desafío. En todo el mundo, los miembros han experimentado beneficios inequívocos como resultado de su práctica budista y han demostrado el poder incuestionable del rugido que representa el budismo Nichiren.

Precisamente porque vivimos en una época tan confusa e incierta, como integrantes de la Soka Gakkai unidos por los lazos de maestro y discípulo, «demos inicio» a un nuevo rugido y sembremos las semillas de la Ley Mística en el corazón de la gente de cada lugar, haciendo que en todo el mundo florezca un sublime jardín de paz y de dicha humana.

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[S]i un maestro posee un buen discípulo, el fruto de la Budeidad será para ambos, pero si aquel forja a un mal discípulo, los dos caerán en el infierno.
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Si el mentor y el discípulo tienen distintos propósitos, nunca conseguirán nada. En otro momento, me extenderé más sobre este tema.
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Siempre mantengan el diálogo para liberarse de los sufrimientos del nacimiento y la muerte, y alcanzar la tierra pura del Pico del Águila, donde cada uno coincidirá con el otro y los dos hablarán con un mismo pensamiento.[17]

LA ILUMINACIÓN COMPARTIDA POR EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO

El próximo pasaje que analizaremos pertenece a un texto titulado Florecer y dar grano. Escrito por el Daishonin en abril de 1278 [en Minobu], fue dirigido a Joken-bo y Gijo-bo[18] del templo Seicho-ji, situado en la provincia de Awa de donde era oriundo Nichiren (actualmente, zona sur de la prefectura de Chiba). Estos dos sacerdotes habían sido compañeros de estudios del Daishonin en dicho templo en sus años de juventud.

Dos años antes, había fallecido Dozen-bo, el maestro del Daishonin en sus primeros años de aprendizaje del budismo. Cuando este le enseñó a su antiguo mentor la grandeza del Sutra del loto, Dozen-bo la aceptó, pero en última instancia no pudo abandonar por completo su apego a la enseñanza del Nembutsu. Y, sin embargo, el Daishonin escribió Saldar las deudas de gratitud[19] en memoria de Dozen-bo y se alegró al enterarse de que el texto había sido leído ante la sepultura de su fallecido mentor.[20]

Cuando escribe: «[S]i un maestro posee un buen discípulo, el fruto de la Budeidad será para ambos»,[21] el Daishonin se está situando a sí mismo en la posición del buen discípulo, para enseñarnos a nosotros que el mentor y el sucesor están siempre unidos en forma inseparable.

Con todo, si uno es un «mal discípulo», no puede obtener el fruto de la Budeidad.[22] Aquí el Daishonin recalca la rigurosa enseñanza del budismo, a la vez que destaca el principio de la inseparabilidad entre maestro y discípulo. Esta última existe allí donde ambos comparten el mismo espíritu; es decir, ese idéntico compromiso con el logro del kosen-rufu.

TODO DEPENDE DEL DISCÍPULO

En Florecer y dar grano, el Daishonin describe su propio avance perseverante como discípulo genuino y, a la vez, ofrece orientación a Joken-bo y a Gijo-bo, quienes, al igual que él, habían sido en sus comienzos discípulos de Dozen-bo. Los alienta con benevolencia a seguir su ejemplo y a vivir toda su vida como buenos discípulos, para, de ese modo, permitir a su maestro lograr la Budeidad.

Durante mi juventud, grabé este pasaje en mi corazón y me dediqué, también yo, al camino del discípulo. He avanzado con la convicción de que la victoria del discípulo es el triunfo del mentor, y de que todo depende del discípulo.

Toda Sensei me dijo: «Dedica tu vida al camino Soka de maestro y discípulo. No te arrepentirás. Podrás construir una vida iluminada por la alegría de la victoria, una vida de triunfo y de felicidad».

En el otoño de 1950, cuando los negocios de mi maestro se vieron a merced de la atroz crisis de posguerra, muchos le volvieron las espaldas. Pero yo no me aparté jamás de mi grandioso mentor del kosen-rufu e hice todo lo que estuvo a mi alcance para apoyarlo, y serle útil hasta que pudimos superar juntos la situación adversa. Viajamos por todas partes, en un frenético esfuerzo por mantener a flote las empresas. En ese período de férrea contienda, le dije: «Yo me ocuparé de todo. Por favor, ¡quédese tranquilo! Haré que salgamos de estas dificultades y me encargaré de que usted sea nombrado presidente de la Soka Gakkai». Le juré: «Pase lo que pase, triunfaré. ¡Prometo que le traeré una victoria!».

Jamás olvidaré su sonrisa de felicidad mientras me escuchaba. La sincera lucha que libramos juntos creó la sólida causa del gran desarrollo y crecimiento que hoy ostenta la Soka Gakkai.

CONVERSAR Y ALENTARNOS UNOS A OTROS

Joken-bo y Gijo-bo mantuvieron la fe en el Sutra del loto tal como les había enseñado el Daishonin durante su residencia en el Seicho-ji, donde florecía la práctica del Nembutsu y muchos se oponían a la fe de estos dos discípulos.

El Daishonin les enseña a ser fuertes e invencibles en la fe en este contexto de dificultades y les dice que siempre deben dialogar y alentarse mutuamente. De esa manera, podían «liberarse de los sufrimientos del nacimiento y la muerte, y alcanzar la tierra pura del Pico del Águila» [el estado de Budeidad], donde podrían proseguir con su amistosa relación.[23]

LA IMPORTANCIA DE LA INSEPARABILIDAD DE MAESTRO Y DISCÍPULO, Y DE LA UNIÓN DE «DISTINTAS PERSONAS CON UN MISMO PROPÓSITO»

Este pasaje contiene el profundo deseo del Daishonin de que el maestro y el discípulo trabajen juntos por el kosen-rufu, unidos a través del pasado, presente y futuro. De acuerdo con este mensaje, la familia Soka siempre ha avanzado por los carriles del apoyo y del aliento mutuos.

La unión de «distintas personas con un mismo propósito» se logra cuando los sucesores continúan animándose unos a otros basados en la inseparabilidad de maestro y discípulo.

Los dos principios más importantes en la práctica del budismo Nichiren son la inseparabilidad de maestro y discípulo y la unión de «distintas personas con un mismo propósito». Mientras exista en nosotros esta inmensa dedicación a la lucha conjunta, la Soka Gakkai se desarrollará eternamente y lograremos el kosen-rufu sin falta.

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Aunque mis discípulos y yo encontremos toda clase de dificultades, si no albergamos dudas en nuestro corazón manifestaremos la Budeidad en forma natural. No duden tan sólo porque el cielo no les brinde su protección; no se desalienten tan sólo porque en esta existencia su vida no sea cómoda y segura. Es lo que he venido enseñando a mis discípulos día y noche, y sin embargo, han comenzado a albergar dudas y a abandonar la fe.
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Cuando llega el momento crucial, los necios tienden a olvidar sus promesas.[24]

UN PASAJE FUNDAMENTAL PARA GRABAR EN EL CORAZÓN

El último pasaje que estudiaremos es un célebre fragmento de La apertura de los ojos. Como indica la frase «mis discípulos y yo», contiene un llamamiento del Daishonin a sus seguidores, donde los exhorta a emprender una lucha conjunta.

El maestro Makiguchi había subrayado con gruesos trazos rojos esta parte en su ejemplar de los escritos del Daishonin. El maestro Toda también lo había marcado en el suyo. Yo mismo insté a los miembros muchas veces a grabar en su corazón este importantísimo pasaje.

Allí encontramos la postura primordial de la fe y el espíritu de la Soka Gakkai.

Numerosos camaradas de fe, haciendo propio ese aliento, han adquirido la fortaleza de enfrentar y superar toda clase de adversidades y problemas. Desde ese punto de vista, siempre debemos tener presentes estas palabras de oro del Buda mientras recorremos el camino Soka de maestro y discípulo con actitud intrépida, inquebrantable y siempre victoriosa.

EL CAMINO HACIA LA BUDEIDAD SE ENCUENTRA EN LA FE INAMOVIBLE

El Daishonin nos promete que, si perseveramos en el camino de la fe y si no albergamos dudas ni siquiera ante las dificultades, lograremos la Budeidad «en forma natural»;[25] es decir, sin falta. Las personas de fe inquebrantable que luchan contra las funciones demoníacas sin flaquear y que se ponen en acción para ayudar a ser felices a otras tienen asegurado el logro de la Budeidad.

Cuando nos esforzamos en pos del kosen-rufu, inevitablemente surgen los tres obstáculos y los cuatro demonios[26] con el fin de detenernos. No podemos evitar las dificultades.

Como señala el Daishonin: «[S]in falta surgirán las funciones demoníacas. Pues si no ocurriera de ese modo, no habría forma de saber que es la enseñanza correcta».[27] La aparición de funciones destructivas es prueba de que estamos en el camino correcto de la práctica. También expresa: «Nadie puede evitar las dificultades, ni siquiera los sabios y venerables».[28] Los problemas son una realidad inexorable para todos.

Lo importante es tener la conciencia de que «las dificultades y obstáculos representan, en realidad, la “paz y comodidad”».[29] No hay impedimento que no podamos superar mientras nuestra fe sea inquebrantable.

El clamor del Daishonin, «mis discípulos y yo»,[30] expresa su sincero deseo de que estos «formen filas y lo sigan»[31] a la hora de confrontar cualquier escollo o dificultad que pueda surgir.

Quien se pone de pie con el mismo espíritu que el Daishonin y responde a su exhortación de «seguir siendo su discípulo por el resto de sus días»[32] descubre ante sí un ancho camino hacia el logro de la Budeidad y hacia el cumplimiento de su gran misión.

TODO COMIENZA POR NUESTRA CONCIENCIA DE SER BODISATVAS DE LA TIERRA

El Daishonin nos dice: «Si usted comparte el mismo corazón que Nichiren, tiene que ser un Bodhisattva de la Tierra».[33] Ese «mismo corazón» significa compartir el propósito del kosen-rufu.

En efecto, el logro del kosen-rufu es el deseo y el gran juramento del Daishonin. Cuando nos consagramos a él con «el mismo corazón» que el Daishonin y cumplimos ese compromiso de triunfar mediante la práctica budista, nuestra vida rebosa de beneficios. Esta es la fórmula para lograr la Budeidad en esta existencia, que es la victoria suprema en la vida.

Una vez, con profunda convicción, el maestro Toda declaró a quienes luchaban a su lado: «Los miembros de la Soka Gakkai que trabajan por la concreción del kosen-rufu son Bodisatvas de la Tierra. […] Siendo así, tenemos la seguridad de poder vivir exactamente como deseemos. […] Mis queridos camaradas, Bodisatvas de la Tierra, ¡demos lo mejor!».

Con esa conciencia de ser Bodisatvas de la Tierra, podemos avanzar con el mismo juramento que nuestro mentor y construir una red de compañeros sólidamente unidos como «distintas personas con un mismo propósito». La clave para concretar nuestra revolución humana y elevar el estado de vida es estar profundamente comprometidos con la propia misión, tomar conciencia de nuestra identidad como Bodisatvas de la Tierra y participar en la lucha conjunta por el kosen-rufu.

EL PROFUNDO SIGNIFICADO DE LA RELACIÓN DE MAESTRO Y DISCÍPULO

Prominentes intelectuales del mundo están analizando con interés el profundo significado de la relación de maestro y discípulo que existe en la Soka Gakkai.

El doctor Nicholas Gier, profesor emérito de Filosofía de la Universidad de Idaho, en los Estados Unidos, ha dicho que ve en nuestra práctica de mentor y discípulo la fuente de la revolución humana. «Los occidentales tienden a considerar el vínculo entre el maestro y el discípulo en términos de dominación y subordinación –expresa–, pero en la SGI, esta relación se basa en la confianza y en el respeto mutuos. Desde luego, el discípulo aprende mucho del modelo que le ofrece su mentor. Pero, al mismo tiempo, inspirados por este último, los discípulos no se limitan a copiar las palabras de su maestro, sino que las emplean para desarrollar su propio potencial único».[34]

Es una observación muy sagaz, basada en largos años de observar a la Soka Gakkai.

FE PARA CULTIVAR NUESTRO GRAN YO

Desde la perspectiva de la Ley budista, los maestros y discípulos de la Soka son iguales, son pares. Ambos son camaradas en una lucha conjunta para estudiar y adquirir una profunda comprensión de la Ley. Sin embargo, al aprender el budismo de un mentor que practica correctamente la Ley y que puede ofrecer una guía o modelo, podemos superar las limitaciones personales y elevar de manera gradual nuestro estado de vida.

Cuando nos dedicamos de todo corazón a practicar la Ley junto a nuestro maestro, cortamos el apego ilusorio a nuestro «pequeño yo» y establecemos firmemente nuestro genuino «gran yo».

El periodista e investigador norteamericano sobre budismo Clark Strand observó que, sin la inseparabilidad de maestro y discípulo, la Soka Gakkai no podría haberse convertido en el movimiento que es hoy. La relación con un maestro, en el contexto de la Soka Gakkai, es un vínculo de profundo empoderamiento para el discípulo, que le permite mejorar su vida, observó.

Es una aguda reflexión. El deseo del mentor es que el discípulo construya una vida extraordinaria dedicada al kosen-rufu. Y el crecimiento del discípulo es, para aquel, no solo su propósito sino su inmensa alegría.

UN MAGNÍFICO QUINTO ANIVERSARIO EN EL HORIZONTE

[…] [Este 18 de noviembre de 2018] celebrará su quinto aniversario la Sede del Gran Juramento del Kosen-rufu, un sublime hito en nuestro movimiento por el kosen-rufu mundial.

¡Sigamos avanzando juntos por el brillante camino de maestro y discípulo!

Una vez, dediqué el siguiente poema a los jóvenes que asumirían la responsabilidad del futuro. Hoy, quiero transmitir estos versos a todos nuestros miembros del mundo:

Nada supera
en este mundo
el lazo de maestro y discípulo.
Nunca olviden, amigos míos,
esta relación triunfal.

(Traducción del artículo publicado en la edición de noviembre de 2017 de Daibyakurenge).

TRANSMISIÓN DEL BUDISMO AL OESTE
Nichiren Daishonin predijo que el budismo del sol se propagaría desde Japón hacia el oeste, regresando a los países desde los cuales se había transmitido originalmente, para luego difundirse en el mundo entero.
(Ir al lugar donde se menciona en el texto principal).

NATURALEZA DEL DHARMA O NATURALEZA FUNDAMENTAL DE LA ILUMINACIÓN
Naturaleza invariable, inherente a todos los fenómenos y a todas las cosas. Se identifica con la Ley fundamental, esencia de la iluminación del Buda o verdad suprema, y con la naturaleza de Buda inherente a la vida.
(Ir al lugar donde se menciona en el texto principal).

EL PICO DEL ÁGUILA
Es el lugar donde Shakyamuni predicó el Sutra del loto. También se lo llama tierra pura del Pico del Águila, y simboliza la tierra de Buda o el estado eterno de Budeidad. Daisaku Ikeda escribe: «La expresión “ir a la tierra pura del Pico del Águila”, sin embargo, no significa viajar a un mundo lejano ultraterreno, como la Tierra Pura de la Perfecta Felicidad situada en el oeste, de la cual habla la escuela Nembutsu. Sencillamente, quiere decir que nuestra vida se fusiona con la Budeidad del universo eterno y atemporal, y que ella entra en un estado de absoluta libertad». IKEDA, Daisaku: «Disertación sobre “Carta al sacerdote laico Nakaoki”», Daibyakurenge, junio de 2011.
(Ir al lugar donde se menciona en el texto principal).


[1]Alegría ilimitada de la Ley: La felicidad suprema y última del Buda, que es el beneficio de la Ley Mística.

[2]SL, cap. 28, pág. 318.

[3]SL, cap. 16, pág. 230.

[4]Véase ib., pág. 225.

[5]Véase Civilización global, n.º 159, julio 2018, pág. 25.

[6]END, pág. 65.

[7]OTT, pág. 111.

[8]Ignorancia u oscuridad fundamental: Ilusión más hondamente arraigada en la vida, que da lugar a todas las otras ilusiones. La oscuridad fundamental denota la incapacidad de ver o de reconocer la verdad, en especial, la verdadera naturaleza de nuestra vida.

[9]Tres proclamas: tres instancias sucesivas, narradas en el capítulo «El surgimiento de la torre de los tesoros» (11.o) del Sutra del loto, en que el buda Shakyamuni urge a los bodisatvas de la asamblea a propagar dicha enseñanza después de su muerte.

[10]En la última parte en verso del capítulo «Aliento a la devoción» (13.o) del Sutra del loto, incontables multitudes de bodisatvas juran al buda Shakyamuni propagar el sutra en la época oscura posterior a su muerte, soportando los ataques de los tres enemigos poderosos: laicos arrogantes, sacerdotes arrogantes y falsos venerables arrogantes. Esta parte se denomina «estrofa de veinte versos» porque, en la traducción al chino, esa es la métrica que adopta.

[11]Véase Civilización global nº 158, junio 2018, pág. 29.

[12]El Sutra del loto señala: «Entonces, acatando respetuosamente la voluntad del Buda y a la vez deseosos de cumplir sus propios juramentos originales, los bodisatvas lanzaron en presencia del Buda su rugido de león y formularon su compromiso». Véase SL, cap. 13, pág. 191.

[13]Véase OTT, pág. 111.

[14]Ib.

[15]Ib.

[16]Véase END, pág. 1042.

[17]END, pág. 952.

[18]Joken-bo y Gijo-bo: Sacerdotes del templo Seicho-ji que, como discípulos de Dozen-bo, habían apoyado al Daishonin durante sus estudios tempranos. Cuando el Daishonin declaró públicamente su enseñanza en el Seicho-ji, en 1253, ambos lo ayudaron a escapar cuando su vida peligró, amenazada por el administrador local Tojo Kagenobu, quien se había enfurecido por su refutación a las enseñanzas de la escuela Tierra Pura. Tiempo después, Joken-bo y Gijo-bo decidieron ser seguidores del Daishonin y recibieron varios de sus escritos.

[19]END, págs. 724-783.

[20]En su portada de Saldar las deudas de gratitud, el Daishonin solicita que el tratado sea leído en voz alta ante la tumba de Dozen-bo: «Por todo lo expuesto, le pido que sólo usted [Joken-bo] y Gijo-bo –los dos y nadie más– lo hagan leer en voz alta dos o tres veces en la cumbre de Kasagamori [un otero boscoso situado en las tierras del templo Seicho-ji], y que encomienden la lectura al sacerdote portador de esta carta. Por favor, hagan que él, además, la lea en voz alta una vez ante la tumba del fallecido Dozen-bo». (END, pág. 774). También escribe en Florecer y dar grano: «[M]e alegró mucho saber que, en Kasagamori, habían [permitido a mi mensajero leerlo] en memoria del fallecido venerable Dozen-bo». END, pág. 952.

[21]END, pág. 952.

[22]Véase ib.

[23]Véase END, pág. 952.

[24]La apertura de los ojos: Obra escrita por Nichiren Daishonin en la isla de Sado en febrero de 1272, dirigida a todos sus discípulos, en la cual se revela que el Daishonin reúne las tres virtudes del soberano, el maestro y el padre en el Último Día de la Ley. END, pág. 300.

[25]END, pág. 300.

[26]Los tres obstáculos y los cuatro demonios son diversos impedimentos y obstrucciones a la práctica del budismo. Los tres obstáculos son: 1) el obstáculo de los deseos mundanos; 2) el obstáculo del karma; 3) el obstáculo de la retribución. Los cuatro demonios son: 1) el impedimento de los cinco componentes; 2) el de los deseos mundanos; 3) el de la muerte; 4) el del Demonio del Sexto Cielo.

[27]END, pág. 525.

[28]Ib. pág. 715.

[29Véase OTT, pág. 115.

[30]END, pág. 300.

[31]Véase ib., pág. 803.

[32]Ib., pág. 406.

[33]Ib.

[34]De un artículo publicado en el Seikyo Shimbun el 19 de noviembre de 2014.

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