Lo importante es el corazón


Abrir el camino de la revolución humana para toda la humanidad


Parte XII de la serie de disertaciones de Daisaku Ikeda titulada Una religión de revolución humana, perteneciente a la más amplia serie Iluminando el mundo con el budismo del sol.

«¡La misión de la Soka Gakkai es la revolución religiosa!».[1] Mi maestro Josei Toda, el segundo presidente de la Soka Gakkai, realizó esta contundente afirmación en una reunión del Departamento de Mujeres Jóvenes en diciembre de 1955.

De hecho, desde su fundación, la Soka Gakkai ha venido desarrollando un movimiento para revertir la tendencia de las religiones a la explotación y para propiciar una era en que la religión realmente esté al servicio de las necesidades humanas. Podríamos decir que toda la historia de la Soka Gakkai ha estado dedicada a la revolución religiosa.

En aquel encuentro, el señor Toda explicó que la revolución religiosa y la revolución humana eran sinónimos: «Para decirlo sencillamente, la revolución humana no implica convertirnos en personas distintas; es crear una vida de felicidad y de satisfacción. Por su parte, la revolución religiosa no consiste en luchar contra otras creencias; al revés, es luchar para enfrentar los retos de nuestra propia vida cotidiana, para ser felices y ayudar a otras personas a que también lo sean. Ese es nuestro propósito».[2]

Afrontar de lleno los problemas de la existencia, ser felices y guiar a otros en dirección a la felicidad… Esto, dijo el señor Toda, era el brillante camino de la revolución humana y, también, la esencia de nuestra revolución religiosa. Y esa verdad suprema fue lo que transmitió con vigor a las jóvenes mujeres que tendrían el futuro sobre sus hombros.

Cada uno de nosotros es protagonista de su propia historia de revolución humana. Para que podamos marchar siempre por la senda de la felicidad genuina, Nichiren Daishonin nos enseñó el profundo principio de que el corazón es lo realmente importante. No exagero si digo que este principio es la clave para permitir a todas las personas, en cualquier época y lugar, lograr la victoria en su revolución humana.

ELOGIO A LA FE DE LOS DISCÍPULOS

En una carta a su discípulo Shijo Kingo, Nichiren Daishonin escribe: «Lo importante es el corazón».[3]

Cuando Shijo Kingo intentó hablar con su señor feudal sobre las enseñanzas del Daishonin, se vio atacado por sus colegas y puso en peligro sus medios de subsistencia. En ese contexto, el Daishonin alentó a su discípulo a confrontar esta adversidad y a triunfar sobre ella con una postura correcta y firme en la fe, porque lo que determina el resultado de todas las cosas es nuestra mente, nuestro corazón.

En una carta a la monja laica Sennichi, que vivía en la isla de Sado, el Daishonin también escribe: «Lo importante es el corazón».[4]

En varias oportunidades, Sennichi apoyó a su esposo Abutsu-bo para que este, recorriendo largas distancias desde Sado hasta el monte Minobu, visitara y llevara ofrendas a su maestro. El Daishonin sabía que Sennichi ansiaba ir a verlo en persona, pero que, aun así, se había quedado en el hogar haciéndose cargo de todos los asuntos para que su esposo pudiera viajar. Consciente de ello, la alentó bondadosamente, diciéndole que, incluso a través de distancias tan enormes, él había recibido su «corazón» o espíritu. Aquí, «corazón» se refiere, incuestionablemente, a la inseparabilidad de maestro y discípulo.

EL CORAZÓN DEL ALTRUISMO, EL CORAZÓN DEL DESAFÍO, EL CORAZÓN DE LA CONVICCIÓN

Desde la perspectiva de las enseñanzas del Daishonin, está claro que un corazón basado en la fe genuina, y en la postura de la inseparabilidad de maestro y discípulo, es la fuerza motriz para lograr la felicidad y la victoria, y construir una vida de logros brillantes.

En esta entrega, la última de la serie «Una religión de revolución humana», me centraré en uno de los principios primordiales del budismo Nichiren: «el corazón es lo que realmente importa». Para ello, adoptaré tres puntos de vista: el corazón del altruismo, el corazón del desafío y el corazón de la convicción.

*

Los alimentos tienen tres virtudes. En primer lugar, sustentan la vida. En segundo lugar, dan vivacidad al semblante. En tercer lugar, brindan fuerzas.
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Si uno da alimentos a otro, mejorará su propia suerte, de la misma manera en que, por ejemplo, el que enciende una antorcha para otros también ilumina su propio camino.[5]

SABER AGRADECER LOS ALIMENTOS, QUE NUTREN LA VIDA

Comencemos analizando el corazón del altruismo, que es la postura de beneficiar a otros.

Sobre las tres virtudes de los alimentos parece ser una carta que el Daishonin escribió agradeciendo a un discípulo por sus ofrendas de artículos comestibles. Allí describe las tres virtudes o funciones de la comida: sustentar la vida, mejorar la salud y fortalecer las funciones físicas y mentales. Nos dice que los alimentos son vida.

En este punto, quisiera una vez más expresar mi gratitud y admiración a quienes se dedican a la producción alimentaria, en la agricultura, ganadería y pesca. Con los años, sin dejarse intimidar por las adversidades climáticas o por dificultades personales, no han dejado de proveer los alimentos que nos nutren y mantienen con vida.

GENERAR FELICIDAD PARA UNO MISMO Y PARA LAS OTRAS PERSONAS

El Daishonin escribe: «[E]l que enciende una antorcha para otros también ilumina su propio camino». Aquí dice que, cuando nos preocupamos por el bienestar ajeno y ofrecemos colaboración a otros, no solo estamos obrando en beneficio de ellos, sino también incrementando nuestra propia buena fortuna.

Innumerables miembros han grabado en su corazón estas palabras de oro del Daishonin, y han hecho de ellas su guía personal.

El fundador y primer presidente de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi, también cultivó esta forma de vivir. En su obra Soka Kyoikugaku Taikei (El sistema pedagógico de la creación de valores), sostuvo que había que alejarse de dos posturas extremas: la vida dependiente, que para todo necesita recurrir a otros, y la vida individualista, que se desentiende de los semejantes. Entre ambas posiciones, él planteaba el valor de una «vida colaborativa».[6]

Esta filosofía y este compromiso de contribuir con la sociedad, y de buscar la prosperidad y el bienestar de uno y de los otros, han sido el orgullo y la fuerza motivadora de los miembros de la Soka Gakkai, quienes a la par de fortalecer su práctica budista, han echado sólidas raíces en su comunidad.

El Daishonin escribe a Shijo Kingo [en Las tres clases de tesoros]: «Viva de tal forma que la gente de Kamakura lo elogie por la diligencia con que Nakatsukasa Saburo Saemon-no-jo [Shijo Kingo] presta servicio a su señor, al budismo y a las demás personas».[7]

Por mucho que otros digan de ellos, nuestros nobles miembros han grabado este pasaje en su corazón y han perseverado en su labor tenazmente, como practicantes del budismo Nichiren. Se han involucrado activamente en su comunidad y en la vida de su país, y han ganado la firme confianza de sus semejantes. Siempre han dado suprema importancia a su «comportamiento como seres humanos».[8]

Sus acciones y su compromiso les han permitido establecer buenas relaciones de vecindad y han sido una gran fuerza para construir nuestra red de personas unidas en dirección del bien.

ACTUAR EN BIEN DE LOS DEMÁS TAMBIÉN NOS BENEFICIA A NOSOTROS

En desastres naturales como el gran terremoto de Hanshin de 1995 (que sacudió Kobe y las partes vecinas de la región de Kansai), el terremoto y tsunami que afectó Tohoku en marzo de 2011, o los sismos de 2016 en Kumamoto (Kyushu), muchos miembros de la Soka Gakkai de esas regiones volcaron todas sus energías –aun siendo ellos mismos víctimas o damnificados– para ayudar y alentar a otras personas que estaban sufriendo. Esa «virtud invisible», de indescriptible nobleza, ha dado como resultado una enorme «recompensa visible», que hoy ilumina Kansai, Tohoku y Kyushu con la luz de la esperanza. Es más, no solo ilumina todo Japón, sino el mundo entero.

Vivimos alumbrando el camino de los demás, cotidianamente. Salimos a encontrarnos y a dialogar con la gente que está afligida o sumida en problemas. Con la Ley Mística, disipamos la oscuridad o ignorancia fundamental[9] no solo en la vida de otros, sino en nuestro propio interior.

Cuanto más actuamos de esta manera, más beneficiamos a la sociedad y más acumulamos buena fortuna nosotros mismos. Como miembros de la Soka Gakkai, estamos recorriendo un camino de suprema felicidad, para nosotros mismos y para los demás.

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A las personas corrientes, que desconocemos el pasado remoto y el futuro lejano, nos cuesta tener fe en este sutra [del Loto]. En tal caso, ¿qué sentido tendría para nosotros practicar, aunque decidiéramos hacerlo?
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En vista de todo esto, parecería que cuando la persona capaz de dar pruebas visibles en esta existencia predica el Sutra del loto, también surgen personas capaces de creer.[10]

La saga de la revolución humana no es otra cosa que la historia de triunfo de cada miembro de la Soka Gakkai. Nuestros camaradas han salido victoriosos, incluso en su lucha contra murallas de dificultades y de problemas, y han dado una espléndida prueba real de beneficios del budismo Nichiren avanzando con espíritu audaz, con «corazón de desafío».

Carta a Horen, donde aparece este pasaje, es un texto dirigido a un asiduo discípulo del Daishonin llamado Soya Kyoshin (y también conocido como Horen). En esta carta, que data de 1275, le ofrece orientación a Soya, quien acababa de enviarle, junto con varias ofrendas, el manuscrito de una declaración para ser leída en voz alta durante el 13.o servicio recordatorio en memoria de su difunto padre.

El Daishonin elogia la devoción filial de Soya Kyoshin a su padre; describe los beneficios de orar basados en la Ley Mística por los fallecidos, y refiere su propia gran lucha y convicción como devoto del Sutra del loto en el Último Día de la Ley.

El Daishonin escribe: «A las personas corrientes, que desconocemos el pasado remoto y el futuro lejano, nos cuesta tener fe en este sutra [del Loto]». El Sutra del loto es difícil de creer y difícil de entender. ¿Y por qué? Aunque este sutra enseña el principio budista de la causalidad que opera en las tres existencias del pasado, presente y futuro, los seres comunes no podemos conocer nuestro pasado ni nuestro futuro, de modo que inevitablemente, nos resulta una enseñanza difícil de creer.

Por eso, el Daishonin quiso abrir los ojos de las personas comunes, nublados por la oscuridad o ignorancia, y guiarlas hacia la fe mediante claras «pruebas visibles»; es decir, constataciones reales y evidentes para cualquiera.

En la última mitad de Carta a Horen, el Daishonin describe la realidad de su propia lucha contra la persecución, acaecida como resultado de propagar el Sutra del loto. También se refiere a las dos calamidades sobre las cuales ya había advertido tiempo antes –la rebelión interna y la invasión extranjera[11]– y señala que ambas ya estaban ocurriendo.

Con ello, como vemos, indica que es el devoto del Sutra del loto en el Último Día de la Ley, lo cual demuestra mediante las predicciones que había formulado en el curso de su intensa lucha por transformar el karma de su país.

DISCÍPULOS QUE CONVIERTEN LA ADVERSIDAD EN VICTORIA

Los discípulos del Daishonin también siguieron su gran ejemplo y confrontaron con valentía diversas dificultades en su vida.

Shijo Kingo fue perseguido y arrojado a un gran infortunio. Pero con la orientación y el aliento constantes del Daishonin, perseveró sinceramente en la práctica, prestó servicio a su señor feudal y siguió esforzándose basado en la fe. Como resultado, no solo recuperó la confianza de su superior, sino que fue recompensado con tierras tres veces más grandes que las que administraba antes.

En una carta a los hermanos Ikegami, uno de los cuales había sido desheredado por el padre en dos ocasiones, el Daishonin escribe: «En ese momento, invariablemente aparecen los tres obstáculos y los cuatro demonios;[12] pero cuando ello sucede, los sabios se regocijan, mientras que los necios se echan atrás».[13] Se proponía enseñarles la esencia de la fe para enfrentar obstáculos con un espíritu valiente y positivo.

Los hermanos Ikegami no retrocedieron ni un solo paso. Mantuvieron fielmente la fe en el Sutra del loto, y junto a sus esposas afrontaron la situación con un frente unido. Al tiempo lograron convencer a su padre –acérrimo opositor a la práctica de sus hijos– de que aceptara la enseñanza del Daishonin. De esa forma, dieron prueba de su fe mediante la armonía familiar.

Así pues, los discípulos del Daishonin, cada uno en su situación particular, ofrecieron claras «pruebas visibles» y escribieron una historia de triunfo personal.

El Daishonin siempre sentía un gran regocijo al enterarse de las victorias de sus discípulos, y decía que estas noticias le producían «inmenso deleite».[14]

INSPIRAR A OTROS Y MOSTRAR DE MANERA VISIBLE LA FUERZA DE LA FE

De acuerdo con las enseñanzas del Daishonin, los tres primeros presidentes de la Soka Gakkai –Tsunesaburo Makiguchi, Josei Toda y yo mismo– hemos impulsado el kosen-rufu unidos por los lazos de maestro y discípulo, y recalcando la importancia de las pruebas reales.

«Aún más valiosa que la razón y la prueba documental es la evidencia de los hechos reales»,[15] escribe el Daishonin. Es así, porque ofrecer constataciones visibles sobre el poder de la fe y de la práctica budista es el argumento más convincente e irrefutable de todos. Las vivencias reales son fundamentales.

Las nobles experiencias que narran nuestros miembros en las reuniones de diálogo en Japón y en el mundo no son sino las claras «pruebas visibles» de la época contemporánea. Y aun cuando nuestros esfuerzos en la práctica budista no den resultados visibles de forma inmediata, el «corazón de desafío», la postura de lucha que seguimos desplegando sin dejarnos vencer ni intimidar por las dificultades, es señal de que ya hemos triunfado. Ese ejemplo sin falta conmoverá a muchas otras personas y les dará valor y esperanza.

La experiencia de una sola persona que transforma su destino genera un efecto en cadena que, con el tiempo, puede transformar el destino de toda una sociedad. Es la fórmula por la cual la revolución humana conduce directamente a la paz del mundo.

*

Los que creen en el Sutra del loto parecen vivir en invierno, pero el invierno siempre se convierte en primavera. Ni una sola vez, desde la Antigüedad, alguien ha visto u oído que el invierno se convierta en otoño. Tampoco hemos sabido de ningún creyente en el Sutra del loto que continúe siendo una persona común [no iluminada]. El sutra dice: «Si hay personas que escuchan la Ley, ni una sola dejará de lograr la iluminación»[16].[17]

ALENTAR A LOS QUE MÁS SUFREN

«[E]l invierno siempre se convierte en primavera»… Estas son palabras del Daishonin que, en todo el mundo, los miembros han grabado en lo profundo de su corazón y que les han infundido infinita esperanza en su práctica budista. Con toda seguridad, no hay palabras que expresen más concretamente la esencia de la revolución humana.

En ellas, yo advierto con claridad el corazón del Daishonin, su convicción de que podemos superar cualquier obstáculo y lograr la Budeidad en esta vida, sin falta.

El invierno siempre se convierte en primavera es una carta que Nichiren Daishonin dirigió a la monja laica Myoichi, una discípula de firme fe que vivía en Kamakura. Aunque muchos de los seguidores del Daishonin abandonaron la fe durante la persecución de Tatsunokuchi y el consiguiente exilio a Sado, Myoichi y su esposo mantuvieron intactos su compromiso y su convicción en el Sutra del loto. Esto significó, para su marido, graves dificultades; entre ellas, que las autoridades les confiscaran sus tierras. El señor falleció sin llegar a ver el indulto que, oportunamente, recibió su maestro y que le permitió volver desde Sado.

Tras la muerte del esposo, Myoichi quedó sola al cuidado de sus dos hijos, uno de los cuales sufría de mala salud, siendo ella misma una mujer enferma. Cuán triste y sola se habrá sentido en ese momento… Pero aun en circunstancias así, siguió apoyando al Daishonin sin flaquear; incluso le envió a uno de sus sirvientes para que lo asistiera en el destierro, e hizo lo mismo después, en Minobu.

En esta carta, el Daishonin responde a la sinceridad de la monja laica Myoichi alentándola con todo su corazón, decidido a ayudarla a que sea feliz y logre la Budeidad en esta existencia sin falta.

UNA RELIGIÓN DE ESPERANZA PARA SUPERAR LA ADVERSIDAD

En este pasaje, el Daishonin establece una premisa básica: «Los que creen en el Sutra del loto parecen vivir en invierno». Disfrutar de una primavera de esperanza significa haber superado un invierno de adversidad.

¿Por qué «[l]os que creen en el Sutra del loto» deben enfrentar penurias comparables al rigor del invierno? Porque, tal como enseña el sutra, sin falta aparecerán los tres obstáculos y los cuatro demonios, y los tres enemigos poderosos,[18] para tratar de obstruir el camino de la práctica budista y de impedir que uno manifieste la Budeidad en esta existencia.

El Daishonin nos asegura, sin embargo, que «el invierno siempre se convierte en primavera».

Si observamos la sucesión natural de las estaciones, los meses invernales nunca se convierten en otoño: incluso el invierno más crudo y largo, tarde o temprano, da paso a la tibieza de la primavera. De manera similar, si no flaqueamos ante las duras resistencias contra la práctica budista y seguimos esforzándonos al máximo, armados de firme fe, sin falta veremos brotar un magnífico y exuberante jardín de victorias. Es una certeza.

Por eso es importante perseverar en la fe hasta el final. Si nos detenemos a mitad del camino o sucumbimos a las dudas y dejamos de practicar, todo nuestro esfuerzo será en vano. La clave está en seguir avanzando con tenacidad, con alegría, sin pausa, seguros de que finalmente llegará una jubilosa primavera.

NO DEJAR A NADIE ATRÁS

Otro aspecto importante de la fe en el Sutra del loto es que todas las personas que escuchan la enseñanza de la Ley Mística lograrán sin falta la iluminación. Como señala el pasaje del capítulo «Medios hábiles» (2.o) del Sutra del loto: «Si hay personas que escuchan la Ley, ni una sola dejará de lograr la Budeidad».[19]

La primavera no llega solo para un grupo de gente selecto y privilegiado. La Ley Mística abre el camino a la iluminación de todos, sin excluir ni dejar atrás a nadie, y esto es posible en la medida en que plantamos las semillas de Nam-myoho-renge-kyo –la causa para el logro de la Budeidad– en la vida de las personas. Esto es lo que distingue al budismo Nichiren como religión universal.

En otro escrito, el Daishonin observa: «Basta con ver un solo capullo en flor para predecir la llegada de la primavera».[20] Sentimos que la primavera está a punto de llegar cuando vemos aun una sola flor que se abre decididamente en medio del viento frío. En otras palabras, el «corazón de la convicción» de una sola persona que, mediante la fe, ha logrado triunfar rotundamente puede crear una brisa fragante de esperanza, e irradiar una primavera de alegría y de victoria a todas las que la rodean.

EL CORAZÓN ES EL PUNTO DE PARTIDA DE TODOS LOS CAMBIOS

Las funciones del corazón y de la mente son inescrutables y asombrosas. Todo puede ser transformado por «las funciones prodigiosas de nuestro corazón, de nuestra mente».[21]

En una carta que el señor Makiguchi envió a su familia desde la cárcel, leemos: «Según el estado mental de uno, hasta en el infierno hay cosas de las cuales disfrutar».[22] Los censores del gobierno tacharon esas palabras, que transmiten claramente el estado de vida imperturbable logrado por nuestro fundador.

En esta entrega, he analizado la importancia del corazón desde las tres perspectivas: el «corazón del altruismo», el «corazón del desafío» y el «corazón de la convicción». La fe en el budismo Nichiren, como miembros de la Soka Gakkai, nos permite disfrutar de un elevado estado de vida interior.

Mediante la práctica cotidiana firme y asidua, en forma natural hacemos surgir de nuestro ser los estados de bodisatva y de Budeidad, que se caracterizan por un espíritu fuerte, siempre victorioso, pionero, progresista, resistente, resuelto, valiente, solidario, tolerante, alentador, agradecido e invencible. Poseemos el medio extraordinario representado por el principio de los «tres mil aspectos contenidos en cada instante vital», que nos permite, mediante un cambio fundamental en el corazón, transformarnos a nosotros mismos, a nuestro entorno y a nuestra sociedad.

Cambiar el corazón no es hacer algo que nos dé bienestar transitorio o que mejore nuestro estado de ánimo temporalmente, sin necesidad de cambiar la realidad. El verdadero cambio en nuestro corazón es algo mucho más profundo: es una transformación interior genuina, que genera cambios reales en nuestra vida. La esencia de esta religión de revolución humana yace en cultivar un «corazón» o estado de vida cada vez más profundo. Cuando hablamos de obtener beneficios mediante la práctica budista, en definitiva, nos estamos refiriendo a ese cambio interior en el nivel más esencial.

Por eso debemos tener una postura muy seria en la fe. Si nos dejamos vencer por las funciones negativas y nos entregamos a la queja, ese corazón perderá su cualidad vibrante. Una diferencia muy sutil en nuestro corazón puede producir resultados radicalmente distintos.

El Daishonin describe las funciones de la vida humana diciendo que son muy estrictas, y que en nuestro ser existe cada uno de los tres mil estados.[23] Ese corazón es lo que determina que logremos o no la Budeidad. Por eso, «lo importante es el corazón».

CREAR LA CAUSA DE LA FUTURA VICTORIA

En otra parte, el Daishonin también afirma: «Por otro lado, como la vida no transcurre fuera de este instante, el Buda expuso los beneficios que derivan de un solo momento de regocijo [al escuchar el Sutra del loto]».[24] Si, en este momento, tomamos una determinación renovada en la fe, podemos transformarlo todo.

Como practicantes del budismo Nichiren, el foco de nuestro corazón está puesto en configurar el presente y el futuro. Más que vivir mirando el pasado y llenarnos de reproches, es importante generar acciones positivas en este momento para crear algo significativo en bien del futuro.

En la vida cotidiana, a veces se gana y a veces se pierde. Pero, por muchas pruebas dolorosas que afrontemos, mientras mantengamos la fe podremos crear causas para una gran victoria futura, sin falta.

LA LUZ DESLUMBRANTE DE LA REVOLUCIÓN HUMANA

Nosotros, los practicantes del budismo Nichiren, tenemos el espíritu de dedicarnos eternamente al juramento del kosen-rufu y de avanzar siempre junto a la Soka.

En verdad, cuando poseemos el «corazón» de basar la vida en la Ley Mística, de marchar por el camino de maestro y discípulo y de esforzarnos junto a nuestros camaradas, podemos activar nuestro potencial ilimitado en cada situación. Lo que modela el futuro es lo que hay en nuestro corazón en este momento.

Por lo tanto, pongámonos de pie, cada uno desde nuestro propio lugar, ¡y actuemos! Somos todos valientes Bodisatvas de la Tierra, y, como tales, tenemos una misión que cumplir en este mundo.

¡Que la vida de todos ustedes irradie la brillante luz de la revolución humana!

El sol del humanismo budista está brillando cada vez con más energía en esta era, mientras avanzamos hacia una primavera de paz y de felicidad para toda la humanidad.

(Traducción del artículo publicado en la edición de diciembre de 2017 de Daibyakurenge).

TRES MIL ASPECTOS CONTENIDOS EN CADA INSTANTE VITAL (EN JAPONÉS, ICHINEN SANZEN)
Sistema filosófico desarrollado por el gran maestro T’ien-t’ai de la China, basado en el Sutra del loto. Los «tres mil aspectos» indican los aspectos y fases variables que adopta la vida a cada momento. A cada instante, la vida manifiesta alguno de los diez estados. Cada uno de estos diez estados posee en sí mismo el potencial de los diez, lo cual da un total de cien estados posibles. Cada uno de estos cien estados posee los diez factores y opera dentro de cada uno de los tres planos de la existencia, totalizando tres mil aspectos. En otras palabras, todos los fenómenos están contenidos en cada instante vital, y cada instante vital impregna los tres mil estados de la existencia; es decir, la totalidad del mundo fenoménico.
(Ir al lugar donde se menciona en el texto principal).


[1]TODA, Josei: Toda Josei Zenshu (Obras completas de Josei Toda), Tokio: Seikyo Shimbunsha, 1984, vol. 4, pág. 394.

[2]Ib., pág. 395.

[3]END, pág. 1046.

[4]Ib., pág. 993.

[5]WND-2, pág. 1060. Solo se ha conservado un fragmento de este escrito. No se sabe el año en que fue redactado ni a quién estuvo dirigido.

[6]MAKIGUCHI, Tsunesaburo: Makiguchi Tsunesaburo Zenshu (Obras completas de Tsunesaburo Makiguchi), Tokio: Daisanbunmei-sha, 1982, vol. 5, pág. 185.

[7]END, pág. 892.

[8]Ib., pág. 893.

[9]Ignorancia u oscuridad fundamental: La ilusión más hondamente arraigada en la vida, que daría lugar a todas las otras ilusiones. La oscuridad fundamental denota la incapacidad de ver o de reconocer la verdad, en especial, la verdadera naturaleza de nuestra vida.

[10]END, pág. 536. Este texto, escrito en abril de 1275, es una carta dirigida a Soya Kyoshin, a quien Nichiren Daishonin había conferido el nombre budista «Horen» (Loto de la Ley). Describe la falta de actuar contra la Ley y el beneficio de hacer ofrendas al devoto del Sutra del loto en el Último Día de la Ley. El Daishonin enseña, en este texto, que elevar oraciones basadas en el Sutra del loto por un padre o una madre fallecidos es la mejor forma de corresponderles como hijos.

[11]En su tratado Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, el Daishonin predijo que el Japón sufriría una rebelión interna y una invasión extrajera, si el gobierno continuaba brindando apoyo a enseñanzas erróneas. Luego, dichas predicciones se hicieron realidad, cuando Hojo Tokisuke se rebeló contra su medio hermano menor, el regente Hojo Tokimune, en febrero de 1272, y cuando las fuerzas mongolas atacaron el Japón en 1274.

[12]Véase Civilización Global, n.º 158, junio 2018, pág. 29.

[13]END, pág. 668.

[14]Véase WND-2, pág. 730.

[15]END, pág. 628.

[16]SL, cap. 2, pág. 40.

[17]END, pág. 561. El Daishonin compuso esta carta en el monte Minobu, en mayo de 1275, y la envió a la monja laica Myoichi. En ella, conjetura cuán feliz se sentiría el fallecido esposo de Myoichi de saber que el Daishonin había sido indultado de su exilio a Sado, y celebra la fe pura de la mujer, asegurándole que «el invierno siempre se convierte en primavera».

[18]Véase Civilización Global, nº 158, junio 2018, pág. 29.

[19]SL, cap. 2, pág. 40.

[20]END, pág. 283.

[21]Véase OTT, pág. 30.

[22]MAKIGUCHI, Tsunesaburo: Makiguchi Tsunesaburo Zenshu (Obras completas de Tsunesaburo Makiguchi), Tokio: Daisanbunmei-sha, 1987, vol. 10, pág. 285.

[23]Véase OTT, pág. 22.

[24]END, pág. 66.

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