Presentamos la segunda y última entrega de la disertación de Daisaku Ikeda sobre el tratado de Nichiren Daishonin cuyo estudio abordamos el mes pasado.
Si el amor compasivo de Nichiren es realmente grande y amplio, Nam-myoho-renge-kyo se propagará durante diez mil años y más aún, por toda la eternidad, pues [ese amor compasivo con que Nichiren propaga Nam-myoho-renge-kyo] posee el poder benéfico de abrir los ojos ciegos de todos los seres vivos en la tierra del Japón, y puede obstruir el camino que conduce al infierno del sufrimiento incesante.[1]
LAS TRES VIRTUDES DEL DAISHONIN OBRAN PARA HACER REALIDAD EL KOSEN-RUFU
Basado en el principio de que «cuanto más lejana es la fuente, más larga es la corriente», el Daishonin declara que ha asegurado los cimientos para la iluminación de todas las personas en el eterno futuro mediante su propio esfuerzo inquebrantable, impulsado por su profunda compasión hacia sus semejantes, y proclama el conocido pasaje [citado arriba] […].
Fue la lucha inmensamente compasiva del Daishonin por identificar y difundir la enseñanza correcta lo que lo llevó a revelar Nam-myoho-renge-kyo. En esto, podemos ver su monumental convicción de que, en respuesta a su determinación profunda, Nam-myoho-renge-kyo se propagaría y guiaría a la humanidad en cada parte del mundo a la iluminación, durante el eterno futuro del Último Día.
El juramento del Buda es permitir a todas las personas lograr la iluminación. Y la amplia propagación de la enseñanza correcta tras la muerte del Buda es el deseo fundamental de Shakyamuni, Muchos Tesoros y todos los budas del tiempo y del espacio. Este pasaje es una declaración en la del Daishonin de que ha hecho realidad ese deseo.
También señala las tres virtudes del Daishonin: soberano, maestro y padre. «Si el amor compasivo de Nichiren es realmente grande y amplio» indica la virtud del padre; «posee el poder benéfico de abrir los ojos ciegos de todos los seres vivos» representa la virtud del maestro, y «puede obstruir el camino que conduce al infierno del sufrimiento incesante» es la virtud del soberano.
La virtud del padre representa la función de nutrir y cuidar a las personas. El Daishonin logró establecer la Ley suprema para la iluminación de todas las personas con miras al eterno futuro del Último Día precisamente porque él mismo afrontó y sobrellevó repetidas persecuciones y una violenta oposición.
Ese amor compasivo grande y amplio del cual habla en este pasaje no se manifestó en condiciones sociales pacíficas y plácidas. Al revés, fue durante una época malvada impregnada los tres venenos –odio, codicia y estupidez[2]–, y mientras luchaba contra los tres enemigos poderosos[3] del budismo, cuando él inició la corriente del kosen-rufu en bien de las generaciones futuras. La profundidad y la amplitud de su amor compasivo no tienen parangón.
La virtud del maestro representa la función de guiar a las personas en forma correcta. El Daishonin habla de «los ojos ciegos de todos los seres del Japón». Naturalmente, con esta expresión no se refiere a una discapacidad física. Está hablando de no poder percibir la naturaleza del Dharma inherente a la vida debido a la ignorancia, causa fundamental de la ilusión. El Daishonin quería disipar esta ignorancia u oscuridad que existía en la vida de las personas. Mostrando un ejemplo de lucha contra los tres obstáculos y los cuatro demonios como devoto del Sutra del loto, quiso hacer que la gente se cuestionara sus supuestos y pusiera en duda sus creencias erróneas, para poder despertar y abrazar la enseñanza correcta.[4]
La virtud del soberano representa la función de proteger a los demás. El Daishonin habla de «obstruir el camino que conduce al infierno del sufrimiento incesante». Es una manifestación de su profundo e irreprimible deseo de no dejar que ni una sola persona caiga en el infierno del sufrimiento incesante. Es imposible asegurar el bienestar de todas las personas sin asumir el compromiso absoluto de erradicar el sufrimiento y el dolor de la faz de la tierra.
No olvidemos que el Daishonin dio un ejemplo viviente de las tres virtudes –del soberano, el maestro y el padre– mediante su lucha férrea e incondicional por propagar la enseñanza correcta en la época malvada del Último Día.
El budismo siempre se reduce a la acción. Las personas que hacen valer su autoridad y dicen poseer «la misma iluminación interior que el Buda» –sin que nada en sus acciones lo acredite en lo más mínimo– son descendientes espirituales de los seis maestros no budistas[5] que vivieron en tiempos de Shakyamuni.
Los primeros dos presidentes Makiguchi y Toda, herederos del espíritu altruista del Daishonin, lucharon por instaurar en la sociedad el ideal del kosen-rufu. Gracias a la aparición de la Soka Gakkai –una organización dedicada a hacer realidad el deseo del Buda–, el «gran río del kosen-rufu» que tiene como fuente al Daishonin fluye ahora poderosamente por todo el mundo en el siglo XXI. Es un hecho incuestionable. El establecimiento de los cimientos del kosen-rufu mundial está completo. Por fin ha llegado el momento de extender este gran río hacia un océano de kosen-rufu que envuelva todo el globo.
Sus beneficios [es decir, los beneficios del amor compasivo con que Nichiren propaga Nam-myoho-renge-kyo] superan incluso los de Dengyo[6] y T’ien-t’ai, y son superiores a los de Nagarjuna[7] y Mahakashyapa.[8] Cien años de práctica en la Tierra de la Perfecta Felicidad[9] no se comparan con el beneficio de un solo día de práctica en el mundo impuro. Dos mil años de propagar el budismo en los días Primero y Medio de la Ley no se equiparan a una sola hora de propagación en el Último Día.
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Y esto [es decir, que Nichiren haya establecido Nam-myoho-renge-kyo como la enseñanza que deberá propagarse en el Último Día de la Ley] no se debe, de ningún modo, a la sabiduría de Nichiren, sino a que así lo establecen los tiempos. Los capullos florecen en primavera, y los frutos aparecen en otoño. En verano hace calor; y en invierno, frío. Así lo determina el orden de las estaciones, ¿no es verdad?[10]
UNA ENSEÑANZA DE TRANSFORMACIÓN: «EL BENEFICIO OBTENIDO POR UN DÍA DE PRÁCTICA EN EL MUNDO IMPURO»
Además, el Daishonin explica que el beneficio de propagar ampliamente Nam-myoho-renge-kyo en el Último Día de la Ley supera el de Dengyo, T’ien-t’ai, Nagarjuna y Mahakashyapa.
Esforzarse por liberar a las personas del sufrimiento en el nivel más esencial, y en esta época impura, es una acción que acarrea beneficios inconmensurables. Con respecto a esto, dice el Daishonin: «Cien años de práctica en la Tierra de la Perfecta Felicidad no se comparan con el beneficio de un solo día de práctica en el mundo impuro».
Las épocas más duras representan las oportunidades más espléndidas para desafiarnos en nuestra práctica budista y profundizar nuestra fe. El arduo esfuerzo que hagamos en momentos así se convertirá en beneficios de magnitud inconcebible. Para decirlo sencillamente, «cien años de práctica en la Tierra de la Perfecta Felicidad» alude a la práctica budista en un entorno cómodo, desprovisto de dificultades. Tales circunstancias nos harían difícil lograr nuestra revolución humana. Y sin pulir y forjar nuestra vida, el objetivo de lograr la Budeidad quedaría lejos de nuestro alcance aunque practicásemos cien años.
Nichiren Daishonin planteó esta declaración como una tajante forma de refutar las enseñanzas de la escuela Tierra Pura (Nembutsu) que hacía hincapié en llevar a cabo la práctica budista después de haber renacido en la Tierra Pura. Mientras muchas tradiciones religiosas animan a aspirar a algún paraíso ultraterreno, el Daishonin enseña que este mundo, aquí y ahora, es el verdadero lugar para llevar a cabo la práctica budista. Explica que abrirse el camino hacia la victoria en medio de tribulaciones y adversidades es en sí una auténtica práctica budista para perfeccionar y forjar nuestra vida.
«Un día de práctica en el mundo impuro» también podría referirse a una enseñanza de transformación, capaz de guiar verdaderamente a la felicidad a los habitantes de una época impura. Nam-myoho-renge-kyo es la gran Ley que nos permite hacer surgir instantáneamente en nuestra vida el estado de iluminación suprema del Buda. Cuando transformamos nuestra mente o actitud, inmediatamente transformamos nuestro estado de vida.
Como esta es una época en que predomina la maldad, en el transcurso de la vida diaria surgen diversos problemas y dificultades. Es razonable entonces que quienes elegimos dedicar la vida a una noble misión nos enfrentemos a obstáculos aún más desalentadores. La clave, sin embargo, yace en utilizar estos obstáculos como un poderoso impulso para entonar Nam-myoho-renge-kyo más seriamente y desafiarnos activamente para superar los problemas que enfrentamos. Cada día que empleamos comprometidos de esta manera es una práctica que transforma la vida; la continuidad de esta práctica a lo largo del tiempo produce el gran beneficio de lograr la Budeidad en esta existencia.
Solo una enseñanza budista de transformación profunda –que muestre la importancia de actuar en medio del tumulto y la agitación de la sociedad– puede ofrecer el medio para cambiar de manera genuina este mundo saha colmado de problemas y convertirlo en una tierra de Buda; además, ofrece el medio para establecer la enseñanza correcta y asegurar la paz en la tierra.
Asimismo, el Daishonin dice que dos mil años de propagar el budismo durante los días Primero y Medio de la Ley[11] son inferiores incluso a un breve lapso de tiempo empleado en la propagación durante el Último Día.
En los días Primero y Medio, el budismo era básicamente una enseñanza destinada a personas de capacidad superior,[12] y se podían adquirir beneficios incluso mediante las enseñanzas parciales o implícitas.
Sin embargo, el Último Día es una época de disputas y conflictos,[13] en la cual todos los defensores de las diversas enseñanzas parciales e implícitas proclamarán que su escuela budista es perfecta y absoluta. Estas enseñanzas obrarán como influencias negativas que obstruirán la difusión de la enseñanza correcta. En una época así de confusa y desordenada, solo la enseñanza de Nam-myoho-renge-kyo del budismo de la siembra –capaz de activar directamente la naturaleza de Buda– guiará a las personas a la iluminación. Por eso, propagar la enseñanza correcta de Nam-myoho-renge-kyo, aun durante un breve período en el Último Día, es superior a propagar enseñanzas parciales o implícitas durante un largo período en los días Primero y Medio de la Ley.
UNA ÉPOCA DE MALDAD ES EL MOMENTO DE ABRIR EL CAMINO DEL KOSEN-RUFU
Con respecto a haber establecido la Ley que deberá ser ampliamente propagada en el Último Día, el Daishonin dice que esto no se debe a que su propia sabiduría sea extraordinaria, sino simplemente a que ha llegado el momento propicio. Desde luego, que Nichiren Daishonin no atribuya a su sabiduría este logro es una expresión de gran humildad. Sin embargo, hay una profunda verdad en este comentario de que el establecimiento de la Ley se ha ajustado a la época. En sentido general, también es cierto que los individuos verdaderamente grandes, en todos los campos, aparecen en el lugar adecuado en el momento oportuno o surgen en respuesta a las condiciones de la época.
El budismo asigna una importancia especial al tiempo o a la época. Enseña que cuando los habitantes de una tierra reclaman un cambio espiritual, aparece un venerable con la capacidad de impulsar dicho cambio. En otras palabras, una época impura requiere la aparición de un buda auténtico, que pueda exponer una gran enseñanza capaz de liberar a las personas del sufrimiento y de transformar positivamente la época. El Daishonin recalca la importancia de la época porque tiene la absoluta convicción de que Nam-myoho-renge-kyo es la enseñanza que concuerda con este período del Último Día de la Ley.
Si repasamos la historia del budismo y de la humanidad, podríamos decir que la época del Último Día en que advino el Daishonin representó un punto de inflexión, una transición entre la época de la aristocracia y la época del pueblo. También precedió una era de grandes intercambios entre pueblos de diferentes naciones que viajaron a través de vastos continentes y océanos, lo que redundó en una visión más global y que precipitó cambios dinámicos. En la vanguardia de esta era, el Daishonin reveló y difundió la Ley de Nam-myoho-renge-kyo. Esta enseñanza constituye el corazón de su budismo del pueblo y de una religión universal.
Ya en la época contemporánea, la Soka Gakkai apareció en la primera mitad del siglo XX. Que la organización que iniciaría la amplia propagación del budismo de Nichiren Daishonin haya aparecido en esta coyuntura confirma que el siglo XX fue un punto de inflexión fundamental en la historia de la humanidad. El siglo XX, testigo de dos guerras mundiales y del surgimiento de las armas nucleares que siguen amenazando nuestra supervivencia, marcó el comienzo de una época completamente nueva. La humanidad se embarcó en actividades económicas y de otra naturaleza a escala mundial, e incluso se atrevió a explorar el espacio exterior.
Además, el reconocimiento de que la Tierra es finita –como se ve, por ejemplo, en la creciente conciencia de la destrucción ambiental– es otro rasgo inequívoco del siglo XX. En este siglo también floreció la conciencia de los derechos humanos, como se evidencia en el desmantelamiento de los regímenes coloniales y esclavistas, y en la creación de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales dedicados a la paz.
La Soka Gakkai se fundó sobre el trasfondo de estos acontecimientos históricos sin precedentes, en una época en que la humanidad ansiaba una nueva sabiduría. Enarbolando el estandarte de una religión humanista, hemos compartido con personas de todo el mundo la sabiduría del budismo del Daishonin, capaz de cerrar paso al sufrimiento y de abrir el camino hacia la construcción de la felicidad verdadera.
El maestro Makiguchi expuso una filosofía creadora de valor y formuló un sistema pedagógico para la creación de valores como cimiento básico para forjar el carácter humano. Su discípulo Josei Toda, por su parte, abogando por el ideal de la ciudadanía global, la abolición de las armas nucleares y la revolución humana –o transformación interior–, ofreció una profunda sabiduría para combatir la oscuridad fundamental del género humano que caracterizó al siglo XX. Por mi parte, como dedicado discípulo del señor Toda, me he esforzado en el camino del diálogo humanista para tender puentes entre civilizaciones y diferentes credos, y para expandir nuestra red del bien y hacer del siglo XXI un siglo de la humanidad, de la vida y de la paz.
Creo, de verdad, que ha llegado la era de la Soka, porque «los tiempos así lo establecen».
«ORO AL BUDA POR LA VICTORIA FINAL»
Al término de su tratado Saldar las deudas de gratitud, el Daishonin expresa su convicción de que el ardiente deseo del Buda en la época impura posterior a su muerte es la amplia propagación de Nam-myoho-renge-kyo, y que él mismo ha logrado ese deseo. Señala que todos sus beneficios acumulados por haber establecido la gran Ley para la iluminación de toda la humanidad, y por haber abierto el camino del kosen-rufu hacia el eterno futuro del Último Día regresarán a su antiguo maestro Dozen-bo.[14]
En otro escrito dice que el discípulo es como la planta, y el maestro como la tierra.[15] La flor de la victoria que hace florecer el discípulo sin falta regresa a la tierra como buena fortuna de su mentor. Y, sin duda, de este suelo de maestro y discípulo surgirá una nueva y fragante flor de victoria. Yo he prestado servicio al señor Toda con esa convicción […]. Aún hoy, cada día me consagro al kosen-rufu con la nueva determinación de responder a sus expectativas. Por eso no le temo a nada.
Toda Sensei solía decir: «Tener un discípulo honorable es la mayor felicidad de un maestro». Tengo la convicción de que estaría complacido con mis esfuerzos.
En diciembre de 1957, poco después de lograr la gran meta de su vida de llevar la cantidad de miembros de la Soka Gakkai a 750 000 familias, el maestro Toda me obsequió este poema, el último que me entregaría.
Ganar y perder
son parte
de la vida,
pero yo oro al Buda
por la victoria final.
¡Triunfen sin falta! ¡Triunfen al final incluso sobre la realidad más adversa, mediante la oración basada en el juramento! ¡Atraviesen todas las dificultades para tocar la campana de la victoria!
El rostro compasivo de Toda Sensei, que creía en el triunfo de sus discípulos, se alza ante mis ojos.
La mejor forma de saldar la deuda de gratitud con nuestro mentor es con nuestra propia victoria. […] Ha llegado el momento de crear un nuevo récord de triunfos de maestro y discípulo. Creo en la absoluta victoria de mis amados discípulos. Y, en especial, anhelo ver el triunfo de los jóvenes que continuarán mi lucha.
(Traducción del artículo publicado en la edición de octubre de 2008 de Daibyakurenge). |
[1] ↑ Saldar las deudas de gratitud, en END, pág. 773.
[2] ↑ Tres venenos (odio, codicia y estupidez): Males fundamentales inherentes a la vida que originan el sufrimiento humano. En el Tratado sobre la gran perfección de la sabiduría, de Nagarjuna, los tres venenos son vistos como la fuente de todas las ilusiones y deseos mundanos. Se llaman así porque contaminan la vida de la gente y les impiden inclinar su corazón y mente en la dirección del bien.
[3] ↑ Tres enemigos poderosos: Tres clases de personas arrogantes que persiguen a quienes propagan el Sutra del loto en la época malvada posterior a la muerte del Buda. Son descritos en la estrofa de veinte versos del capítulo «Aliento a la devoción» (13º) del Sutra del loto. El gran maestro Miao-lo de China los tipificó en tres categorías: 1) laicos arrogantes; 2) sacerdotes arrogantes; 3) falsos venerables arrogantes.
[4] ↑ Esto alude al principio de «deshacerse de los apegos y provocar la duda», un modo de enseñar empleado por el Buda para guiar a las personas a la enseñanza correcta. Significa perturbar la mente apegada a enseñanzas inferiores, provocando la duda en esos apegos y haciendo que la persona aspire a una comprensión más profunda de la enseñanza correcta.
[5] ↑ Seis maestros no budistas: Influyentes pensadores que vivieron en la India en tiempos de Shakyamuni, quienes abiertamente rompieron con la vieja tradición védica y cuestionaron la autoridad brahmánica dentro del orden social indio. Sus enseñanzas se opusieron a las del buda Shakyamuni.
[6] ↑ Dengyo (767-822): También conocido como Saicho. Fundador de la escuela Tendai (T´ien-t´ai) en Japón. Refutó los errores de las seis escuelas de Nara –las escuelas budistas establecidas en esa época–, proclamó la validez del Sutra del loto y se dedicó a fundar un centro de ordenación del Mahayana en el monte Hiei.
[7] ↑ Nagarjuna (s. f.): Estudioso del Mahayana que vivió en la región sur de la India, presuntamente entre los años 150 y 250. Nagarjuna escribió muchos tratados importantes; entre ellos, el Tratado sobre el Camino Medio, y tuvo una influencia decisiva en el desarrollo del pensamiento budista en China y Japón. Nichiren Daishonin identifica a Na-garjuna como un sucesor que comprendió correctamente el verdadero propósito de Shakyamuni.
[8] ↑ Mahakashyapa: Uno de los diez discípulos principales de Shakyamuni, conocido por su especial aptitud para las prácticas ascéticas. Tras la muerte de Shakyamuni, fue titular de la Orden budista; se dice que fue el primero de los sucesores del Buda.
[9] ↑ Tierra de la Perfecta Felicidad: Nombre que recibe la tierra del buda Amida, que se creía situada en la región occidental del universo. También se la conoce como Tierra Pura, Tierra Pura de la Perfecta Felicidad o Paraíso Occidental.
[10] ↑ Saldar las deudas de gratitud, en END, pág. 736.
[11] ↑ Días Primero y Medio de la Ley: De acuerdo con diversos sutras, durante el Primer Día la enseñanza de Shakyamuni prevalece y su práctica perdura en la sociedad; en el Día Medio, la enseñanza del Buda se torna rígida y formal, y en el Último Día la enseñanza de Shakyamuni pierde su eficacia. Aunque hay diversas explicaciones sobre la duración de estos períodos, en la época de Nichiren Daishonin solía sostenerse que los días Primero y Medio habían durado un milenio cada uno.
[12] ↑ Los discípulos del buda Shakyamuni se agrupan en tres categorías, según su capacidad de comprender las enseñanzas: los de capacidad inferior, intermedia y superior. Esta división tradicional fue empleada por T’ien-t’ai (538-597) y otros en sus interpretaciones del Sutra del loto.
[13] ↑ Época de disputas y de conflictos: Se refiere al quinto y último de los cinco períodos de quinientos años posteriores a la muerte de Shakyamuni, descritos en el Sutra de la gran compilación. Corresponde a los inicios del Último Día de la Ley. En el Sutra de la gran compilación, el buda Shakyamuni habla al bodisatva Acervo Lunar sobre los primeros cuatro períodos de quinientos años posteriores a su muerte, y dice que, en los quinientos años siguientes, surgirán disputas y peleas entre los seguidores de sus enseñanzas, y que la Ley pura se oscurecerá y se perderá.
[14] ↑ El Daishonin escribe: «¡Ya que la predicción del sutra no puede haber sido en vano, es seguro que todo el pueblo del Japón entonará Nam-myoho-renge-kyo! Así pues, la flor retornará a la raíz, y la esencia de la planta permanecerá en la tierra. El beneficio que he venido mencionando, con seguridad, se acumulará en la vida del fallecido Dozen-bo». Saldar las deudas de gratitud, en END, pág. 737.
[15] ↑ En Florecer y dar grano, el Daishonin escribe: «Cuando un árbol tiene profundas raíces, sus ramas y hojas nunca se marchitan. Cuando un manantial es inagotable, su curso no se seca jamás. Sin leña, el fuego se apaga; sin tierra, las plantas no crecen. Si hoy puedo ser el devoto del Sutra del loto y si se habla tanto de mí, en el buen y en el mal sentido, yo, Nichiren, se lo debo sólo a mi difunto maestro Dozen-bo. Nichiren es como la planta, y mi maestro, como la tierra». En END, pág. 952.