El gongyo y la salud


Jóvenes 2030 · Pasos de revolución humana


El corazón alegre, de salud es fuente»: eso afirma uno de los dichos populares del amplísimo refranero español. En nuestra generación la salud, y en particular la salud mental, es un tema recurrente y una constante fuente de preocupación. Abundan los informes sobre este asunto y hay diversas opiniones al respecto. El budismo trata esta cuestión y brinda una perspectiva innovadora para emprender acciones positivas sobre nuestra salud.

Para empezar, enfermar no significa de ninguna manera un fracaso.[1] Al contrario, en muchas ocasiones la enfermedad puede ser un motor para avanzar en nuestra revolución humana. Dicho esto, ¿hay algo que podamos hacer para fortalecer la salud física y mental durante nuestra juventud como miembros de esta sociedad?

Claro que sí. No por nada nos hemos dado en llamar la generación de la esperanza. Por supuesto, en un espacio como este no se puede abarcar por completo la sabiduría budista sobre la salud y, además, las especificidades de cada experiencia merecen tratarse de forma personalizada. Pero existen, sin duda, algunos hábitos saludables que nos ayudan a cuidarnos.

En una ocasión, ante un grupo de médicos, Daisaku Ikeda comentó algunas acciones que realizaba para tener una vida saludable. La primera de ellas consistía en «hacer un gongyo revitalizante». Al respecto, explicó:

Cuando nuestra práctica de gongyo es abúlica o lenta, también nuestra respuesta física se vuelve pesada. Muchos de ustedes probablemente lo hayan experimentado en forma personal.

La recitación enérgica del gongyo y del daimoku se traduce en abundantes beneficios y buena fortuna. Nuestro cuerpo, mente y corazón pueden desplegar su ilimitado potencial latente.

Por otro lado, la práctica de sentarnos erguidos y de respirar hondo [como se hace durante la liturgia budista] es muy beneficiosa desde el punto de vista médico. Al mejorar la función respiratoria, también se beneficia el sistema cardiovascular.

Sentarnos de manera correcta con las palmas unidas a entonar Nam-myoho-renge-kyo, como lo hacemos, es en todo sentido una actividad solemne y significativa, que concuerda con los principios primordiales del universo. El cuerpo y la mente de los seres humanos, como un cosmos, se alinean y se fusionan con el ritmo fundamental del universo que es el macrocosmos. Día tras día, nuestro ser rejuvenece. Esta es la primera base de la salud y de la longevidad.[2]

Podemos notar la correlación que Sensei establece entre nuestra intención y actitud física al entonar el gongyo y la vitalidad y salud que desarrollamos a partir de esta práctica. Dicho esto, si por algún motivo no podemos hacer gongyo o entonar daimoku, no debemos preocuparnos, sino seguir desarrollando nuestra fe en el Gohonzon.[3] Con esto en mente, y en consonancia con nuestra campaña europea «Un paso por la paz» podemos revitalizar nuestro gongyo matutino y vespertino y cuidar aún más nuestra salud para vivir una vida plena, de verdadera felicidad y profundo sentido de misión.


[1]Véase IKEDA, Daisaku: Sabiduría para ser feliz y crear la paz, parte 1, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021, pág. 219.

[2]Véase ib., págs. 235-236.

[3] ↑ Véase ib., pág. 109.

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