A continuación presentamos una entrevista a Enrique Caputo, director general de la Soka Gakkai de España y miembro de la Comisión Permanente de la Unión Budista de España, quien el 28 de febrero fue designado representante del budismo en la Junta Rectora de la Fundación Pluralismo y Convivencia. Le preguntamos sobre esta nueva responsabilidad y sobre otros asuntos de actualidad relacionados.
Muchas gracias por aceptar esta entrevista, Enrique. Para empezar, ¿serías tan amable de encuadrar la misión de la Fundación Pluralismo y Convivencia, su historia y el papel que ha jugado en la sociedad española desde su establecimiento?
La Fundación Pluralismo y Convivencia (FPyC) es una fundación del sector público estatal adscrita al Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes del Gobierno de España. Su creación fue aprobada por el Consejo de Ministros el 15 de octubre de 2004, con el objeto de contribuir a la promoción de la libertad religiosa en España en los términos que la Constitución y las leyes establecen para ese derecho fundamental.
Su misión es incentivar el reconocimiento y el acomodo de la diversidad religiosa como elementos básicos para la garantía del ejercicio efectivo de la libertad religiosa y la construcción de un adecuado marco de convivencia. En concreto, su trabajo se orienta a la consecución de cuatro objetivos estratégicos:
- Contribuir a la ejecución de programas y proyectos por parte de las confesiones religiosas no católicas con acuerdo de cooperación con el Estado español o con notorio arraigo en España relacionados con la promoción del ejercicio efectivo del derecho de libertad religiosa.
- Mejorar el conocimiento sobre la diversidad religiosa en España, su impacto y necesidades derivadas.
- Mejorar la gestión de la diversidad religiosa.
- Incidir en la construcción de una opinión pública informada y tolerante con la pluralidad religiosa.
Aunque uno de los motivos principales de la creación de la Fundación fue el de mitigar las diferencias que subsisten en materia de financiación entre la Iglesia católica –que disfruta de un régimen privilegiado basado en un acuerdo económico con el Estado– y las restantes confesiones minoritarias, vehiculando el acceso a fondos públicos, desde mi punto de vista ha tenido un papel aún más importante en la construcción de un marco de convivencia que, a tenor de los tiempos, resulta cada vez más necesario.
¿Cómo llega el budismo a estar representado en la FPyC?
El budismo en España ve reconocido oficialmente su «notorio arraigo» en la sociedad española en 2007. Este reconocimiento jurídico por parte de la Administración es un requisito ineludible para que una confesión religiosa pueda establecer un acuerdo de cooperación con el Estado, como los que han suscrito, hasta la fecha, solo las comunidades musulmana, protestante y judía; me refiero a los conocidos como «acuerdos del 92», en referencia al año en que se alcanzaron. Por otro lado, el reconocimiento del notorio arraigo del budismo, a través de la Unión Budista de España (UBE-FEBE), permite su representación en la Comisión Asesora de Libertad Religiosa y en el Patronato de la Fundación Pluralismo y Convivencia. Así, desde 2008 la UBE-FEBE cuenta con un representante en dicho Patronato, como patrono electo.
En mi caso, después de ejercer la presidencia de la UBE-FEBE desde 2016 hasta 2022, y pasar consecuentemente a ser miembro de su Comisión Permanente, fui propuesto como patrono de la FPyC hasta comienzos de este año 2025. El 28 de febrero pasado, en una reunión del Patronato celebrada en el Palacio de la Moncloa, que es la sede del mencionado Ministerio de la Presidencia, fui nombrado miembro de la Junta Rectora.
¿Qué significado e implicaciones tiene este nombramiento?
La Junta Rectora es el órgano colegiado superior de ejecución de los acuerdos del Patronato de la Fundación. Sus funciones más destacadas son, de forma resumida, cumplir y hacer cumplir las disposiciones estatutarias y los acuerdos válidamente adoptados por el Patronato; someter al Patronato la memoria anual de actividades, para su examen y aprobación, así como las cuentas anuales de la fundación y los proyectos de presupuestos de explotación y capital.
La Junta Rectora está conformada por representantes de las comunidades judía, musulmana, protestante y budista, y por representantes de la administración de la Dirección General de Libertad Religiosa, de la Dirección General de Cooperación Jurídica Internacional y del Secretariado del Gobierno del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, y de la Dirección General de Política Interior del Ministerio del Interior.
El hecho de estar representando en esta Junta Rectora al budismo, la única religión no abrahámica allí, nos permite aportar el punto de vista de nuestra filosofía a un diálogo ya no solo interreligioso, que también, sino interconviccional que es absolutamente necesario en la actualidad.
Estar representando en esta Junta Rectora [de la Fundación Pluralismo y Convivencia] al budismo, la única religión no abrahámica allí, nos permite aportar el punto de vista de nuestra filosofía a un diálogo […] interconviccional que es absolutamente necesario.
El plan estratégico de la FPyC para el período 2025-2027 reconoce como retos de futuro los siguientes: fortalecer las capacidades de las comunidades religiosas de las confesiones minoritarias para que puedan ejercer mejor sus derechos y obligaciones; mejorar el conocimiento sobre la diversidad religiosa en España y sobre los elementos que condicionan o limitan el ejercicio de libertad religiosa y de culto; apoyar el desarrollo de modelos de gestión pública de la diversidad religiosa ajustados a los principios constitucionales y al marco normativo que regula el ejercicio de libertad religiosa en España; promover en la sociedad una actitud activa de reconocimiento del derecho fundamental de libertad religiosa para fortalecer la convivencia en la diversidad, y fortalecer la eficiencia en la gestión de la FPyC para potenciar su papel promotor de un marco constitucional y social propicio para el ejercicio efectivo de la libertad religiosa.
En 2023, «polarización» fue elegida como palabra del año por FundéuRAE y, ese mismo año, los delitos de odio aumentaron un 21 % en España.[1] Con este telón de fondo, promover el pluralismo y la convivencia parece tan urgente como complejo. ¿Cuáles son las claves para hacerlo?
Quiero destacar que el mérito del personal contratado por la Fundación es enorme. Se trata de una organización pequeña y con una dotación presupuestaria que ha ido disminuyendo. Aun así, es una entidad única en su tipo y, por este motivo, desde hace años intentamos colaborar desde la UBE-FEBE y, específicamente, desde la Soka Gakkai de España (SGEs) en las distintas actividades que llevan a cabo, especialmente en aquellas centradas a la juventud.
Las claves para seguir avanzando desde la fundación están clarificadas en el plan estratégico que acabo de citar. Dicho esto, desde mi punto de vista hay dos escenarios particularmente importantes. Uno es el trabajo en común con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), que, estando representada en el Patronato de la Fundación, se ha sumado al programa Municipios por la Tolerancia, diseñado para ayudar a los gobiernos locales a gestionar la diversidad religiosa de manera democrática, inclusiva y plural. Su objetivo es visibilizar el compromiso de los ayuntamientos con la creación de las condiciones necesarias para el ejercicio de la libertad religiosa y fomentar la implementación de los principios y objetivos contenidos en la Carta para la Gestión Municipal de la Diversidad Religiosa. Este programa cuenta también con el apoyo del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Deusto.
En relación con esto, recientemente se ha presentado el proyecto europeo RE-TO,[2] cuyo objetivo es reforzar la capacidad de las autoridades locales para gestionar la diversidad religiosa de forma democrática, inclusiva, pluralista e integradora, mediante la creación de una red de municipios europeos que compartan metodologías y buenas prácticas en materia de gobernanza de la diversidad religiosa. Teniendo una visión global de la situación de nuestras sociedades, el hecho de trabajar en el ámbito local –aquel cuyas administraciones reciben la responsabilidad de gestionar la diversidad en cada población y cada barrio– pone a este proyecto en una posición excepcional para promover el pluralismo y la convivencia, valores extraordinarios de una sociedad democrática. En una ocasión, Daisaku Ikeda señaló que una de las lecciones esenciales de la historia es que «la diversidad, cuando es valorada, se convierte en una fuente de dinamismo y un motor de prosperidad».[3]
El segundo escenario que considero especialmente destacable son las actividades centradas en la juventud. La Fundación ha promovido programas como «Cambia el Marco: Nuevas miradas para una sociedad intercultural», un espacio de intercambio y expresión personal en el que jóvenes no creyentes y creyentes de diferentes confesiones fueron acompañados por un cineasta en un proceso creativo, que combinaba la reflexión sobre sus experiencias vitales individuales con el aprendizaje de las técnicas y lenguajes cinematográficos como medio de comunicación, y «Suena Diverso», una serie de podcasts protagonizados por jóvenes de distintas confesiones y moderados por un periodista especializado en religión. En ambos proyectos han participado jóvenes de la SGEs.[4]
Desde su fundación en 1930, la Soka Gakkai ha promovido el diálogo como herramienta para la construcción de la paz. Sus presidentes fundadores han mostrado que el budismo Nichiren es una enseñanza de humanismo y que los intercambios de persona a persona, las reuniones de diálogo en pequeños grupos y los foros de diálogo interconviccional son escenarios privilegiados para cultivarlo. Sin duda, la participación en actividades promovidas por la FPyC va en esa dirección. No obstante, en tiempos de división y belicismo crecientes como el actual, el sentido de urgencia puede hacer que algunas personas consideren que esa vía es demasiado lenta como para ejercer una influencia efectiva sobre la realidad…
Entiendo la percepción de lentitud, pero, aunque parezca una contradicción, no hay camino más rápido y seguro que el de promover el cambio en el ser humano. Se puede incluso afirmar que es el único medio posible.
Durante la visita que hizo a Europa en enero pasado, el director general de la SGI, Yoshiki Tanigawa, abordó este tema. Constató que ante el panorama mundial actual, marcado por las guerras (militares, comerciales, culturales…), si bien los miembros de la Soka Gakkai estamos orando y tomando acción para transformar el destino de la humanidad, hay personas –tanto dentro como fuera de nuestra organización– que se sienten impacientes y desesperanzadas al no atisbar una solución. En relación con ello, citó un pasaje de La nueva revolución humana que, a su vez, parte de una frase del Gosho:
Nichiren Daishonin afirma: «No existen, en sí mismas, una tierra pura y otra impura; la diferencia sólo reside en el bien y el mal que hay en nuestro interior».[5] […]
La transformación en el fuero interno de los seres humanos, que son agentes de todo cambio, es la clave para construir una sociedad próspera y pacífica.
El Daishonin dedicó su vida entera a concretar el objetivo de establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra. «Establecer la enseñanza correcta» implica esforzarnos para difundir ampliamente la Ley Mística y hacer que arraiguen en el interior de cada persona los ideales del budismo –tales como el reconocimiento de la dignidad suprema de la vida y el amor compasivo–. «La paz en la tierra» señala el desarrollo de la sociedad y el logro de una paz duradera como resultado de establecer la enseñanza correcta.[6]
En otro escrito, el Daishonin declara: «Cuando ocurre un gran mal, sobreviene un gran bien. Como en nuestra tierra ya se está denigrando la Ley, la gran Ley correcta se propagará sin falta. ¿Acaso tienen algo de qué lamentarse?».[7]
En este contexto, el maestro Ikeda concluye que «la paz implica una lucha contra la resignación».[8] Lo más importante es perseverar en el diálogo, con una persona tras otra, para hacer surgir la vitalidad que nutre y sustenta el valor y la esperanza; así es como podemos avanzar juntos hacia el logro de una sociedad de paz genuina, basada en el respeto por la dignidad de la vida. Para hacerlo, necesitamos forjar una determinación firme. Se trata de una lucha constante.
Lo más importante es perseverar en el diálogo […] para hacer surgir la vitalidad que nutre y sustenta el valor y la esperanza; así es como podemos avanzar juntos hacia el logro de una sociedad […] basada en el respeto.
Además de promover el diálogo en la base de la sociedad, desde 1983 la SGI está acreditada como organización no gubernamental de carácter consultivo en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas y toma iniciativas concretas para responder a los problemas globales más acuciantes. En particular, trabaja para concienciar a la ciudadanía y aportar ideas a la ONU en ámbitos como la paz, el desarme, el medioambiente, la educación en derechos humanos, la ayuda humanitaria y la igualdad de género. En un momento en que desde diversos sectores se pone en duda la labor de organismos activos en estas áreas, incluida la propia ONU, ¿cómo debemos interpretar tales esfuerzos realizados por la Soka Gakkai, una organización religiosa?
Es una cuestión importante. Aun cuando la religión ocupa un lugar especial en la espiritualidad humana, tiende a percibirse como relativamente desvinculada de los retos cotidianos y de los problemas que afrontamos como sociedad. De hecho, en el caso del budismo, esta clase de visión está muy extendida.
Sin embargo, Nichiren Daishonin fue un líder religioso absolutamente comprometido con el bienestar de sus congéneres, y sus escritos destilan la convicción de que «[l]a persona de sabiduría no es la que practica el budismo alejada de los asuntos mundanos, sino, antes bien, la que comprende cabalmente los principios con los que el mundo se gobierna».[9] Consecuentemente, el estudio y la práctica de su enseñanza por la Soka Gakkai responden a la premisa de que la fe y la vida cotidiana no son dos ámbitos separados, y de que el budismo se debe manifestar en la sociedad.
Reconociendo que las Naciones Unidas no es una organización perfecta, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, fue un firme defensor de su actividad y consideró la ONU el «parlamento de la humanidad».[10] El significado de esta palabra, «parlamento», se remonta a la palabra y al habla;[11] alude a un espacio donde los seres humanos pueden reunirse para dialogar sobre temas que son de su interés común y preocupación, con la meta de encontrar soluciones compartidas.
En la propuesta de paz que presentó en 2008, a la ONU precisamente, Ikeda Sensei afirmó:
En lo que a religión respecta, con su trágico legado de fanatismo e intolerancia, nada es más vital que fomentar una clase de diálogo que trascienda el dogmatismo y se base en el ejercicio de la razón y del autodominio. Para cualquier religión, abandonar el diálogo es renunciar a su mismísima razón de ser. En cuanto a la SGI, ello significa que, en nuestra búsqueda de promover el humanismo budista, jamás debemos permitir que derriben el estandarte del diálogo, condición imprescindible del humanismo, por más amenazantes que se muestren las fuerzas opositoras del fanatismo, la desconfianza o el dogmatismo. […] Para manifestar nuestro auténtico valor como homo loquens, debemos entablar una lucha espiritual profundamente comprometida.[12]
Jamás debemos permitir que derriben el estandarte del diálogo, condición imprescindible del humanismo, por más amenazantes que se muestren las fuerzas […] del fanatismo, la desconfianza o el dogmatismo.
Esta clase de compromiso es el que refleja la Carta de la Soka Gakkai. En su preámbulo se lee que «la supervivencia y el florecimiento de la humanidad deben resultar de una tarea conjunta y colaborativa, sustentada en la conciencia de las relaciones indisolubles que nos unen a todas las formas de vida», y que las organizaciones que integran la Soka Gakkai, como la SGEs, izan «las banderas de la ciudadanía global, la tolerancia activa y el respeto a la dignidad humana».[13]
[1] ↑ Léase sobre ello en línea.
[2] ↑ Véase una noticia al respecto en la revista CG, n.º 239, marzo 2025, sección «Actualidad».
[3] ↑ WAHID, Abdurrahman y Daisaku IKEDA: The Wisdom of Tolerance: A Philosophy of Generosity and Peace, Londres-Nueva York: I.B. Tauris, 2015, pág. 16.
[4] ↑ Las contribuciones de la SGEs a actividades de la Fundación Pluralismo y Convivencia son presentadas habitualmente en la sección «Actualidad» de esta revista.
[5] ↑ El logro de la Budeidad en esta existencia, en END, pág. 4.
[6] ↑ IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vol. 30, parte II, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021, pág. 229-230.
[7] ↑ El gran mal y el gran bien, END, pág. 1165.
[8] ↑ IKEDA, op. cit., pág. 180.
[9] ↑ El kalpa de disminución, en END, pág. 1167.
[10] ↑ Véase, p. ej., IKEDA, op. cit., pág. 154.
[11] ↑ «Parlamento» deriva del francés parlement, vocablo que expresa la acción de parler (hablar) y que tendría su origen en el latín parábola.
[12] ↑ El documento completo, titulado Humanizar la religión y crear la paz, está disponible en línea.
[13] ↑ La Carta de la Soka Gakkai está disponible en línea (la cita se ha adaptado para garantizar la concordancia gramatical).