Construir la paz mediante el diálogo

Presentamos el extracto de un ensayo de Daisaku Ikeda, perteneciente a la serie Nuestra brillante revolución humana, que se publicó el pasado 24 de agosto, fecha a cuyo significado alude.

Nelumbo nucifera (loto) en flor, en una fotografía tomada por Daisaku Ikeda en julio, en Tokio | Foto: Seikyo

Ante todo, quiero expresar mi más profunda solidaridad con los miembros de la Soka Gakkai del mundo que, en tiempos recientes, han sufrido las consecuencias de diversos desastres naturales […].

Hoy, en el marco de la pandemia de la COVID y de desórdenes climáticos que parecen no acabar nunca, ¿cómo ayudar a cada persona a prevalecer ante estas catástrofes sin ser vencida, y a convertir el veneno en medicina? Necesitamos pensar en esta situación desde la perspectiva de las comunidades locales, la sociedad y el mundo entero, a la par de orar y de colaborar con ese fin. Así es como cumplimos nuestra promesa de hacer realidad el ideal planteado por el Daishonin de «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra».

Quiero agradecer de todo corazón a las personas que se dedican a las tareas de asistencia y reconstrucción en respuesta a los desastres naturales.

Quiero agradecer de todo corazón a las personas que se dedican a las tareas de asistencia y reconstrucción en respuesta a los desastres naturales, y a los profesionales sanitarios que con tanto sacrificio trabajan para salvar y proteger vidas durante la pandemia.

Estoy orando fervorosamente por la salud, la longevidad y la seguridad de nuestros preciados miembros de cada país.

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Agosto es el mes en que fortalecemos nuestro juramento de construir un mundo sin guerras y expandir nuestra red de personas dedicadas a la paz.

Conocí a mi maestro Josei Toda un 14 de agosto de 1947, en vísperas del segundo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Yo tenía, en ese momento, 19 años. Esto ocurrió tres meses después de que mi familia recibiera una carta oficial donde se informaba la muerte de mi amado hermano mayor, caído en combate. Recuerdo el profundo dolor y el desconsuelo de mi madre al recibir tan temida noticia.

El maestro Toda había sobrevivido al encarcelamiento al cual había sido sometido en tiempos de guerra a causa de sus convicciones, y se había convertido en el líder de un movimiento ciudadano de acción por la paz. El día que nos conocimos me transmitió la forma correcta de vivir, y diez días más tarde –un tórrido 24 de agosto– decidí ingresar en la Soka Gakkai. Emprendí así la marcha conjunta de maestro y discípulo, manteniendo el gran juramento del kosen-rufu, de la paz mundial. […]

Llegaremos hasta todas las personas que sufren a nuestro alrededor y trabajaremos por el bienestar de toda la humanidad y por la paz global.

Año tras año, he continuado conquistando victorias de maestro y discípulo cada mes de agosto, mi punto de partida en la fe. Junto a mis infaltables compañeros y a mis camaradas del Departamento de Hombres, he recorrido el camino correcto en la vida hacia la realización de la paz y los valores humanos.

El Daishonin cierra su tratado Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra con este deseo y determinación: «Espero que, lo antes posible, podamos hacer algo para contener estos actos contra la Ley y establecer sin más demora la paz en este mundo, a fin de asegurarnos la seguridad en esta existencia y la buena fortuna en la próxima».[1]

Pase lo que pase, siempre entonaremos poderosamente Nam-myoho-renge-kyo y avanzaremos enarbolando el estandarte de la verdad. Llegaremos hasta todas las personas que sufren a nuestro alrededor y trabajaremos por el bienestar de toda la humanidad y por la paz global. Con paciencia y perseverancia, y a través del diálogo sincero, seguiremos abriendo rutas a una sociedad segura y pacífica, y consolidando la eterna felicidad del logro de la budeidad en esta existencia por nosotros y por los demás.

*

Por curiosa coincidencia, el 15 de agosto de 1947, día posterior a mi primer encuentro con Toda Sensei, es el día en que declaró su independencia la India, cuna histórica del budismo. […]

A propósito, he sabido con enorme agrado que el 19 de julio, aniversario del Departamento de Mujeres Jóvenes, la membresía del Ikeda Kayo-kai en la India superó las 50 000 jóvenes. En medio de la pandemia de la COVID, las integrantes de nuestro Departamento de Mujeres Jóvenes en ese país no han dejado de expandir un hermoso jardín florido de felicidad, con su espíritu puro y resiliente, como lotos que se abren en el agua fangosa.[2]

Felices son las que nunca se dejan vencer.
Felices son las que no temen a nada.
Felices son las que poseen una poderosa fe.
Todas ustedes son reinas de la felicidad.

Estas son palabras que, hace treinta años [durante un viaje en 1992], mi esposa Kaneko y yo dedicamos a las mujeres de la Soka de la India.

Mi esposa también ha mantenido invariable su decisión de no ser vencida jamás en la vida, junto a sus compañeras de fe. Tenía nueve años cuando, con su familia, inició su recorrido en el budismo Nichiren, por lo cual este año celebra su octogésimo aniversario en la práctica.[3] Como precursora del Departamento Futuro, en una oportunidad guio de la mano al presidente Makiguchi desde la estación cercana de tren hasta su hogar, donde se celebraba una reunión de diálogo. Asimismo, se contó entre las primeras integrantes del Departamento de Mujeres Jóvenes cuando fue fundado por Toda Sensei, y siguió trabajando con denuedo por el kosen-rufu incluso después de tener a nuestros hijos, ya en el Departamento de Mujeres, como las actuales miembros de la Generación Joven Lirio Blanco del Japón.[4] Sigue orando seriamente para que las mujeres de la Soka, soles de la paz, tengan vidas de felicidad y victoria día tras día, no solo en la India sino en todo el mundo.

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El 8 de septiembre de 1957, en el Estadio Mitsuzawa de Yokohama, el maestro Toda pronunció su «Declaración para la abolición de las armas nucleares». Fue un acontecimiento trascendental.

Dos meses después, con la salud quebrantada, anunció su deseo de viajar a Hiroshima para brindar orientación a los miembros de la Soka Gakkai allí. Las privaciones sufridas en sus dos años de cárcel durante la guerra, sumadas a su trabajo titánico por el kosen-rufu a lo largo de diez años, lo habían sumido en un estado de extrema debilidad física. Hondamente preocupado, le pedí que cancelara la visita, pero me reprendió, declarando que iría aun si ello le costaba la vida.

Sin embargo, finalmente un agravamiento de su salud le impidió viajar. Pero ¿por qué había deseado tanto hacerlo? Dijo que sus compañeros estaban esperando su visita; especialmente, con motivo de una reunión de punto de partida programada en el Centro de la Paz de Hiroshima [actualmente, ala este del Museo de la Paz de Hiroshima].

A mí, como discípulo, se me llenaron los ojos de lágrimas al ver la tremenda determinación de mi maestro de ir al primer lugar bombardeado con una bomba atómica a tomar acción para cortar de raíz la naturaleza diabólica de la autoridad, que amenazaba el derecho fundamental a la existencia de todos los seres humanos.

Los miembros de la Soka Gakkai, unidos por lazos de maestro y discípulo, somos valientes continuadores de la gran lucha del Daishonin. Entregado a una batalla sin cuartel contra el Rey Demonio del Sexto Cielo que busca tomar posesión del mundo saha,[5] el Daishonin declaró: «Ni una vez he pensado en retroceder».[6]

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Los horrores del bombardeo atómico se representan en una serie pictórica titulada «Los paneles de Hiroshima», de Iri y Toshi Maruki. Iri Maruki era originario de Hiroshima y su esposa Toshi, de Hokkaido.

Durante la ocupación de las fuerzas aliadas lideradas por Estados Unidos, la espeluznante realidad del bombardeo fue encubierta por la estricta censura militar, que acallaba toda conversación sobre el tema. Esto enfureció a Iri Maruki. Motivado por su convicción de que un ataque atómico no era asunto para ocultar bajo un manto de silencio y con el deseo de dejar una crónica para la posteridad, él y su esposa pintaron los «Paneles de Hiroshima».

El sentimiento irrefrenable de «¡No puedo permanecer en silencio!» es la fuerza motriz que rescata la verdad, en una sociedad donde la indiferencia, la cobardía y el olvido son demasiado comunes.

Nichiren Daishonin proclamó lo mismo: «No puedo callar ante esto que ocurre»,[7] Su rugido en defensa de la verdad sigue resonando siete siglos después, profundamente a tono con la denuncia de Toda Sensei de la mentalidad diabólica que subyace a las armas atómicas.

La historia de la lucha de los maestros y discípulos de la Soka no tiene fin: Daisaku Ikeda y su esposa Kaneko (24 de agosto de 1991, en el Centro Cultural de Hokkaido en Sapporo) | Foto: Seikyo

El espíritu de la declaración contra las armas nucleares del maestro Toda pervive en la actual «lucha de palabras» de la Soka Gakkai.

Por este motivo escogí el 6 de agosto de 1993, aniversario del bombardeo atómico de Hiroshima, como fecha para empezar a escribir mi novela La nueva revolución humana; y fue en esa misma fecha, veinticinco años después, en 2018, cuando concluí esta tarea, habiendo volcado en ella mi corazón entero. La entrega final de esta obra seriada se publicó en el Seikyo Shimbun el 8 de septiembre de 2018, aniversario de la declaración para la abolición de las armas nucleares de mi maestro.

Ahora, he transferido el testigo a la generación siguiente. Los Shin’ichi Yamamotos de la nueva era, amados discípulos y sucesores que abrigan el mismo compromiso que yo, están escribiendo sus propias epopeyas de revolución humana, magníficas y diversas, en todo el mundo. […]

Los integrantes de los departamentos de Jóvenes y Futuro de la Soka Gakkai, sucesores de nuestro movimiento, están manteniendo resueltamente el juramento de poner fin a la guerra y a las armas nucleares. Nada podría darnos mayor tranquilidad.

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Recientemente [el 30 de junio], la editorial Arab Scientific Publishers del Líbano publicó una traducción al árabe de Elige la vida, mi diálogo con Arnold J. Toynbee (1889-1975). El año próximo celebraremos el quincuagésimo aniversario del inicio de dicho diálogo, hoy publicado en treinta idiomas.

Estoy seguro de que el profesor Toynbee se sentiría muy satisfecho con esta noticia; por mi parte, quiero expresar mi gratitud a todas las personas que han trabajado en las numerosas ediciones traducidas del libro.

El profesor Toynbee creía que el encuentro entre personas era una fuente de creatividad. Por eso nos confió a quienes integramos la Soka Gakkai la tarea de cultivar un diálogo basado en el espíritu de «Elige la vida», uniendo a las personas y culturas.

Hoy, tanto en nuestras comunidades locales como en la comunidad global, debemos dedicarnos más y más a dialogar sobre los muchos desafíos que afrontamos, sumar sabiduría y hacer valer nuestra capacidad de crear nuevo valor positivo.

Hoy, tanto en nuestras comunidades locales como en la comunidad global, debemos dedicarnos más y más a dialogar sobre los muchos desafíos que afrontamos –como las epidemias, el cambio climático, las divisiones y los conflictos–, sumar sabiduría y hacer valer nuestra capacidad de crear nuevo valor positivo.

Es hora de que los Bodisatvas de la Tierra, ciudadanos globales, se pongan al frente con audacia y expandan nuestra red de personas dedicadas a transformar el destino de la humanidad.

*

En mis primeros días de trabajo junto a Toda Sensei, copié en mi cuaderno un verso de un poema de Walt Whitman: «Los cuerpos humanos son palabras, miríadas de palabras».[8]

Las palabras huecas y frívolas carecen de sentido. Nada es tan elocuente como el valor y la convicción que emanan de la raíz de un ser humano, una voz sincera, una luminosa sonrisa, un acto de inmensa bondad… Nuestros miembros veteranos son perfectos ejemplos de ello.

Mis queridos jóvenes amigos, ¡marchen adelante, siempre adelante!

¡Compartamos la esperanzadora filosofía del budismo Nichiren con otras personas, a nuestro modo, en nuestro lugar! ¡Con el espíritu apasionado e indómito con que el Daishonin afirma «Así y todo, no me he desalentado»,[9] sigamos expandiendo más y más nuestras iniciativas de diálogo!

Mis queridos jóvenes amigos, ¡marchen adelante, siempre adelante! ¡Mis nobles camaradas, avancen con optimismo, entonando un canto a la vida, un canto de paz que resuene con fuerza!

(Traducción del artículo publicado el 24 de agosto de 2021 en el Seikyo Shimbun).


[1]Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, en END, pág. 27.

[2]Véase SL, cap. 15, pág. 221.

[3]Kaneko Ikeda inició su práctica budista el 12 de julio de 1941.

[4]En Japón, las miembros del Departamento de Mujeres de hasta 50 años integran la Generación Joven Lirio Blanco. Esta flor es uno de los símbolos de la agrupación.

[5]El Daishonin escribe: «el Rey Demonio del Sexto Cielo […] en el mar de los sufrimientos del nacimiento y la muerte, libra una guerra contra el devoto del Sutra del loto para impedirle que se apodere de esta tierra impura donde habitan venerables y personas comunes, o bien para arrebatarle el control». La gran batalla, en WND-2, pág. 465.

[6]Ib.

[7]Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, en END, pág. 7.

[8]WHITMAN, Walt: «Canto de la tierra rodante», en Hojas de hierba, Barcelona: Novaro, 1978, pág. 336.

[9]Las bases para manifestar la Budeidad, en END, pág. 786.

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