Por Minoru Harada · Para el número de agosto de 2025 de Daibyakurenge
«Nada es tan preciado como la paz. Nada produce tanta felicidad». Estas palabras inmortales –el alegato eterno del maestro Daisaku Ikeda en favor de una paz imperecedera– aparecen en el comienzo de su novela La nueva revolución humana. ¡Qué hermosa y contundente proclama, donde late con fervorosa pasión y con intrépida confianza la íntima convicción de su ser!
Ikeda Sensei escribió estas palabras el 6 de agosto de 1993, aniversario del escalofriante bombardeo atómico de Hiroshima. En la elección de esta fecha, y no de otra, para comenzar a escribir La nueva revolución humana debe verse un profundo significado: representa el juramento de concretar el legado de su maestro Josei Toda, cuyo anhelo fue erradicar el sufrimiento de la faz de la tierra, y de asumir el histórico compromiso a abolir las armas nucleares. También simboliza la inmensa misión encomendada a la Soka Gakkai.
Sensei solía decir: «El comienzo de una novela es crucial. Yo también tuve que afrontar esa difícil decisión, ponderando cada palabra en la angustiosa búsqueda por encontrar la mejor manera de empezar». El tema de la guerra y la paz, presente en las líneas iniciales de sus dos novelas —La revolución humana y La nueva revolución humana—, tiene absoluta resonancia con la gran obra de su vida.
Este año conmemoramos el octogésimo aniversario de los bombardeos atómicos y el final de la Segunda Guerra Mundial. Con el apasionado clamor del maestro grabado profundamente en nuestro corazón, los miembros de la Soka Gakkai nos comprometemos eternamente a la causa del pacifismo y a emprender incansables acciones en aras de la paz.
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Hace setenta y cinco años, el 24 de agosto de 1950, Josei Toda y un joven Daisaku Ikeda se reunieron con un periodista que quería escribir un artículo sobre la crisis que afrontaban los negocios de Toda Sensei. En ese diálogo franco y abierto, ambos lograron transmitirle una comprensión correcta de la situación. Al término de la entrevista, Toda dijo a su joven discípulo: «Algún día —cuanto más pronto, mejor—, la Soka Gakkai necesitará tener su propio diario. Daisaku, te pido que vayas pensando en esta idea…». Esa misma noche, anunció su intención de dimitir como director general de la organización. En medio de su prueba más difícil, lo que el maestro decidió confiar a su sucesor fue la visionaria tarea que este luego plasmaría en el Seikyo Shimbun.
A partir de entonces, Ikeda Sensei no solo se dedicó a asegurar que su mentor fuese el segundo presidente de la Soka Gakkai, sino también a poner en marcha el periódico que lo había instado a crear. El Seikyo Shimbun, nuestra arma en la lucha por el kosen-rufu, surgió del sincero esfuerzo de un discípulo en firme unión de propósito con su maestro. Sensei, además, nutrió el desarrollo de nuestro diario con escritos de su autoría. Él, más que nadie, tuvo confianza inamovible en el tremendo poder de una publicación orgánica, que empleó libre y creativamente como herramienta para impulsar el kosen-rufu.
Leer el Seikyo Shimbun cada día nos permite extraer de sus páginas la vitalidad y la sabiduría que necesitamos para entablar relaciones de amistad. Nunca olvidemos que esta lectura firme y sostenida es nuestro cimiento para iniciar una corriente global de respeto a la dignidad de la vida.
(Traducción del artículo publicado en la edición de agosto de 2025 de Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).