La alegría de ayudar a otra persona a levantarse


Laura Mayo | Madrid


Laura Mayo | Foto: Esteban Ciudad

Soy actriz, y conocí la práctica del budismo Nichiren en la Soka Gakkai a través de una profesora de teatro, en un momento en el que yo estaba padeciendo grandes sufrimientos a diferentes niveles (laboral, de pareja, etc.). En aquel entonces no encontraba ni la fuerza ni el modo de salir del agujero en el que me encontraba, y este se hacía cada vez más profundo. Fue gracias a la convicción y la firmeza con que me habló aquella profesora que decidí comenzar a entonar daimoku. Mi revolución humana se puso en marcha desde el primer Nam-myoho-renge-kyo y, aunque al principio la resistencia y la negatividad eran enormes, me esforcé para no dejar de practicar. Así, tras un año y medio, decidí asumir un compromiso absoluto con la dignidad de mi vida recibiendo Gohonzon, en diciembre de 2015.

A lo largo de estos años he podido transformar muchos aspectos de mi vida, pero lo más valioso que he podido experimentar es la certeza de que mi vida siempre brillará con la luz de la esperanza, que no habrá nada que no pueda vencer mientras luche junto a mi maestro.

La deuda de gratitud que siento hacia la persona que me transmitió la Ley, hacia las compañeras que me han ayudado a levantarme una y otra vez y hacia mi maestro Daisaku Ikeda es eterna, y una de las formas de retribuirla es hacer shakubuku.

La deuda de gratitud que siento hacia la persona que me transmitió la Ley, hacia las compañeras que me han ayudado a levantarme una y otra vez y hacia mi maestro Daisaku Ikeda es eterna, y una de las formas de retribuirla es hacer shakubuku.

Al principio no entendía el profundo significado y valor que tiene hablar a otras personas de la práctica. Con los años lo he comprendido, pero, para hacerlo, primero he de decidir que lo voy a hacer, que lo quiero hacer. Y sé que, si lo olvido en mi daimoku, no lo concretaré.

En estos años he comprobado en primera persona lo que transmiten estas palabras de Ikeda Sensei:

El hecho de que las personas que han escuchado hablar del budismo elijan aceptarlo o no depende de ellas. Lo que importa es con cuántas podemos compartir esta enseñanza, basados en nuestro deseo genuino por su felicidad.

Huelga decir que es muy importante albergar la firme determinación de que todo aquel con quien dialoguen comience a practicar la fe, ya que nuestra meta es que cada persona concrete su verdadera felicidad a través de este budismo. Pero, aun cuando no llegue a aceptarlo, no hay por qué desilusionarse o decepcionarse.

[…] Todos estos esfuerzos se transformarán en beneficio y buena fortuna, una fuerza para cambiar el karma.[1]

Empecé a dialogar activamente sobre la práctica de forma consciente a medida que fui profundizando en la postura de mi maestro, Daisaku Ikeda.

Así, muy naturalmente, me pude acercar al corazón de otras personas y brindarles la mejor herramienta que conozco, la Ley Mística. Algunas amigas con las que hablé de la práctica comenzaron a orar de inmediato; otras, no. Pero sin dudar, y con el profundo deseo de ayudarlas a ser felices, en todos los casos seguí alentándolas y compartiendo mi experiencia para que no se rindieran. Tras mucho daimoku, no solo dos queridas amigas decidieron ingresar en la SGEs, sino que mi hermana también abrazó la práctica y decidió recibir Gohonzon en marzo de 2020, pocos días antes del confinamiento. Además, también mi madre comenzó a practicar y hace ya año y medio que participa en las actividades de su grupo de diálogo local.

Laura, con su madre y su hermana

Ser testigo del efecto de la práctica en mi entorno cercano y de cómo, a su vez, mis amigas y familia están extendiendo la red de aliento en el suyo propio me ha hecho percibir con claridad la transitoriedad de muchos sufrimientos y obstáculos en mi vida, dándome la oportunidad de revelar mi verdadera misión más allá de mis «deseos mundanos».[2] Ver cómo personas a las que quiero están haciendo su propia revolución humana es un tesoro del corazón de valor incalculable. Pero no es el único.

Otro gran tesoro es la actividad de Azahar.[3] Esforzarme por mantener en el día a día la actitud que aprendo en ella me ha hecho ser más consciente de cómo me desarrollo en el ambiente que me rodea, añadiendo valores tan importantes como el cuidado y la protección en mi propia vida. También me ha permitido descubrir que puedo desarrollar mi potencial hasta límites que mi mente no puede ni imaginar, añadiéndole valor y confianza a mi vida. Y he podido descubrir el amor compasivo, desarrollando mi calidad humana y convirtiéndome en una amiga mejor en la que confiar.

Actualmente sigo luchando por abrirme camino como actriz, pero sin vivir mi profesión desde el sufrimiento, y entendiendo que mi felicidad no se basa únicamente en ella. Además, estoy construyendo un hogar armonioso con una pareja que respeta mi práctica y me cuida.

Mi determinación para este «Año de los jóvenes y del triunfo» es seguir desafiándome en las actividades de Gakkai, para poder vencer en los escenarios de mi vida cotidiana sin albergar dudas. Si sigo avanzando junto a mi maestro, puedo estar tranquila.


[1] ↑ IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vols. 25 y 26, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2022, pág. 83.

[2] ↑ La enseñanza de Nichiren Daishonin sostiene que, más que erradicar los deseos mundanos, hay que practicar de acuerdo con el principio de que «los deseos mundanos son [o conducen] a la iluminación». Véase Los deseos mundanos son la iluminación, en END, pág. 337.

[3] ↑ Laura es responsable nacional del grupo Azahar del Departamento de Mujeres Jóvenes de la SGEs, cuyas integrantes se capacitan a través de la realización de diversas tareas necesarias para el buen desarrollo de las actividades de la entidad.

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