Sobre el capítulo «En espera del momento»


Del volumen 30 de La nueva revolución humana

Ilustraciones originales de la novela, cortesía de Seikyo

Después de asegurarse de que la Soka Gakkai había iniciado su renovada partida […], [Shin’ichi Yamamoto] se puso en marcha para impulsar una nueva fase de desarrollo dinámico del kosen-rufu mundial. Consagró todo su tiempo y sus energías al diálogo, […] una fuerza de paz que crea una nueva era.[1]

Dedicado enteramente a dialogar, en el período que siguió al 3 de mayo de 1979 Daisaku Ikeda mantuvo multitud de encuentros informales con miembros de la Soka Gakkai, resuelto a no dejar de brindar aliento no obstante las circunstancias; también se reunió con embajadores y destacados académicos y pensadores de diversos países, decidido a acercar a los pueblos del mundo y abrir caminos hacia una paz duradera.

Shin’ichi Yamamoto y su esposa Mineko visitan a una familia de miembros en su casa

El maestro Ikeda ansiaba presenciar cómo se ponían en pie sus sucesores, en particular los jóvenes, en medio de las dificultades. Y es que, a pesar de su renuncia a la presidencia de la Soka Gakkai, o quizá aprovechándose del contexto, los ataques de la prensa sensacionalista arreciaron. Tampoco el acoso por parte de integrantes del clero de la Nichiren Shoshu cesó.

El presidente de la Asociación para la Amistad Chino-Japonesa, el jefe del Departamento Internacional de la Agencia de Prensa Novosti de la Unión Soviética, los embajadores de Zambia, Nueva Zelanda y Nigeria… son algunos de los dignatarios extranjeros con quienes dialogó solo durante el primer mes (mayo de 1979) de esa etapa. Paralelamente, lo hacía con figuras destacadas de la sociedad japonesa.

Pero, como avanzábamos antes, esta intensa agenda de encuentros con personalidades no lo alejaba de las personas de a pie. Se desplazaba a diferentes áreas para visitar a compañeros que habían trabajado por el kosen-rufu junto a él con gran dedicación, en algunos casos pioneros de edad avanzada a quienes transmitía que en la vida el último capítulo es el más importante.

También, como presidente de la SGI, dio todo de sí para agasajar a miembros de decenas de países del mundo que viajaban a Japón para profundizar en su fe, sintiéndose cada vez más convencido de que finalmente había llegado una nueva era del kosen-rufu mundial.

En agosto de 1979, Ikeda Sensei visitó por primera vez el Centro de Conferencias de Nagano. Este se había inaugurado un año antes en Karuizawa, donde Josei Toda había pasado su último verano (el de 1957). En un lugar tan lleno de significados y recuerdos de vivencias con su maestro, decidió crear un impulso renovado de orientación personal, y empezar a trabajar en la construcción de una nueva Soka Gakkai.

Al coincidir su estancia en el Centro con una reunión de responsables locales de la Soka Gakkai, Sensei se unió a ellos para hacer el gongyo y luego –en un contexto en el que, de pronunciar él palabras durante una reunión de la organización, esto habría sido aprovechado por el clero para atacarla– decidió alentarlos tocando algunas melodías al piano.

Para infundir ánimo, también escribió poemas; propuso a los compañeros participar en sesiones fotográficas en las que posar en grupo, una invitación que recibió una respuesta entusiasta; paseó en bicicleta con miembros del Departamento de Jóvenes; jugó a tenis con integrantes del Departamento de Educadores…

Nada ni nadie puede reprimir el alma de alguien que ha asumido con un compromiso inquebrantable la causa del kosen-rufu.[2]

Aprovechando cada actividad, ofrecía palabras de aprecio y de guía a quienes la compartían con él; una labor entre bastidores, no cubierta por ningún medio –ni siquiera, dadas las circunstancias del período, por el Seikyo Shimbun–. «Yo siempre pienso: / ¡Un paso más! / Este es el momento decisivo. / ¡Un paso más!».[3]

Como fundador, Ikeda Sensei hizo también todo lo posible por asistir a los diferentes eventos de la Universidad Soka, las Escuelas Soka de Educación Secundaria, y la Escuela Soka de Educación Primaria de Tokio. Sentía que era el momento de realizar el mayor esfuerzo en bien de la educación. También dio lo mejor de sí al dialogar informalmente con jóvenes en muy diversos escenarios.

Trabajando el huerto de la Escuela Soka de Educación Primaria de Tokio con el alumnado

Un episodio memorable lo que protagonizaron alrededor de ochocientos miembros de la Soka Gakkai de la isla de Shikoku, al decidir visitar a su mentor en Kanagawa organizando para ello un viaje en ferri. El 13 de enero de 1980, el Sunflower 7 zarpó de Takamatsu para llegar al puerto de Yokohama, tras un trayecto no exento de desafíos, en la mañana del 14.

El Sunflower 7 se acerca al puerto de Yokohama

«¡Bienvenidos! ¡Los estuve esperando!», manifestó Shin’ichi. […]

»Encontraremos toda clase de obstáculos en el periplo del kosen-rufu. Así y todo, debemos seguir adelante por la felicidad propia y ajena, y en aras de la paz. Por ejemplo, si el camino por tierra está bloqueado, entonces tenemos que pensar rápidamente en otras alternativas para continuar el avance, ya sea por aire o por mar. No podemos dejarnos vencer.[4]

El pasaje del Sunflower 7, formado por miembros de la Soka Gakkai de Shikoku, visita el Centro Cultural de Kanagawa

Fue una visita breve, pero corporificó lazos de inseparabilidad de maestro y discípulo eternos. E inspiró iniciativas similares de otros miembros, como un grupo de victoriosas jóvenes de Amami Oshima, que embarcaron alrededor de un mes después.

La tormenta de nieve era feroz, pero bajo esa fría capa estaban asomándose nuevos brotes.

La fortaleza de la Soka Gakkai está en la fuerza que emana de las filas del pueblo. Y son estas personas los preciosos tesoros de la Soka.

Shin’ichi juró profundamente en su corazón: «¡Me pondré de pie junto con mis compañeros y trabajaré por ellos!».[5]


[1]IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, vol. 30, parte I, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021, pág. 82. Este volumen está disponible tb. en https://www.sokaglobal.org/es/resources/study-materials/buddhist-study/the-new-human-revolution.html.

[2]Ib., pág. 94.

[3]Ib., pág. 106, citando versos de Saneatsu Mushanokoji.

[4]Ib., págs. 130-131.

[5]Ib., pág. 152.

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