Sobre el capítulo «Juramento» (I)


Del volumen 30 de La nueva revolución humana | Entregas 1-78


Quienes abren las puertas de una nueva era son los jóvenes. Para que una organización, las sociedades y las naciones muestren un desarrollo sostenido, es esencial el surgimiento de un flujo constante de jóvenes que desplieguen sin restricciones su potencial. Fue esto lo que llevó a Shin’ichi Yamamoto a dirigir permanentemente su atención y sus esfuerzos a la forja de la juventud. (Pág. 137)[1]

Con el espíritu que condensan estas palabras iniciales del capítulo «Juramento», Daisaku Ikeda propuso que la Soka Gakkai convocara, al nivel de las prefecturas y regiones de Japón, festivales culturales a cargo de los jóvenes, ofreciendo así ocasiones propicias para su desarrollo. Kansai fue la primera región en concretarlo: a finales de marzo de 1982, tuvo lugar en Osaka el Primer Festival Cultural de Jóvenes de Kansai por la Paz, marcado por la decisión de los miembros de los departamentos juveniles de inspirar a los asistentes a través de actuaciones que trasmitieran poderosamente el espíritu de Gakkai.

Para la ocasión, los miembros del Departamento de Hombres Jóvenes presentaron una pirámide humana de seis niveles, que había requerido entrenamiento y preparación física diaria y una gran coordinación.

Pirámide humana durante el festival cultural de la Soka Gakkai realizado en Osaka en marzo de 1982 | Imagen: Seikyo

Ikeda Sensei recordó que la tradición de Kansai tenía sus raíces en el deseo de su maestro Josei Toda de acabar con la pobreza y la enfermedad allí, y hacer que todas las personas sin excepción fueran felices; y que este deseo lo había llevado a él a recorrer hasta el último rincón de Osaka para alentar a los miembros, logrando la resonante victoria de la Campaña de Osaka en 1956.

Paralelamente, la Soka Gakkai continuaba llevando a cabo su labor en pos de la paz y el desarme nuclear. Ya el año anterior, la SGI había sido registrada como organización no gubernamental ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas. Y, en septiembre de 1982, se realizó en Tokorozawa, Saitama, el Segundo Festival Cultural por la Paz Mundial bajo el lema «Renacimiento de la paz», paralelamente al cual se presentó la exposición «Armas nucleares: Una amenaza para la humanidad».

Josei Toda le dijo en una ocasión: «Tal vez estas propuestas no puedan ser puestas en práctica totalmente o de forma inmediata, pero pueden actuar como una “chispa” que se expande y da lugar a un gran movimiento por la paz» (pág. 157).

El 26 de enero de 1983, en el octavo aniversario de la fundación de la SGI, Ikeda Sensei presentó su primera propuesta de paz anual. En ella apelaba a la realización de una cumbre entre los jefes de Gobierno de los Estados Unidos y la Unión Soviética, y a la firma de un acuerdo para el congelamiento de los arsenales nucleares de ambas potencias. En mayo del mismo año, la SGI fue registrada como ONG con estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), y el 8 de agosto Ikeda recibió un reconocimiento de la ONU por su contribución a la paz.

Cuando hacía casi un año de la Guerra de las Malvinas, los miembros de la Soka Gakkai del Reino Unido organizaron en Londres una muestra titulada «Exposición por la paz mundial» en torno al tema: «Elige la vida». Durante el conflicto, ellos y los compañeros de Argentina habían orado con fervor por el cese del fuego, comprometidos a seguir luchando juntos por la paz.

Convencido de que las actividades por el kosen-rufu eran la clave para construir sólidas bases para una paz duradera, en mayo y junio de 1983 Sensei realizó una gira por Estados Unidos y Europa, y en febrero y marzo de 1984 volvió a territorio estadounidense para luego dirigirse a Sudamérica. En esa ocasión, pisó suelo brasileño después de dieciocho años, durante los cuales restricciones derivadas de la situación política en el país lo habían impedido. Además, visitó Perú, República Dominicana y Panamá, donde se llevaron a cabo otros festivales culturales por la paz a cargo de jóvenes de la Soka Gakkai, y donde recibió diversas distinciones.

Todas estas distinciones representaban el reconocimiento a los esfuerzos de la SGI para promover la paz, la cultura y la educación, y expresaban la aceptación y la confianza que la sociedad dirigía a sus integrantes. (Pág. 167)

El 3 de octubre de 1984, Ikeda Sensei y su esposa tuvieron que enfrentar la repentina muerte de su segundo hijo, de solo 29 años de edad, a causa de una enfermedad. Sensei tenía la certeza de que su hijo había transitado su existencia tal como había decidido, haciendo todo lo que debía para cumplir plenamente su misión. Estaba convencido de que debía de haber un significado profundo en su precoz partida.

En nuestra larga trayectoria hacia la consecución del kosen-rufu se nos presenta un sinfín de dificultades y obstáculos. Sin embargo, no debemos albergar temores ni dudas pase lo que pase; en cambio, debemos ver los hechos y circunstancias con la profunda mirada de la fe y superarlos. En esto consiste poseer una fe auténtica. (Pág. 187)

Durante los siguientes años, tanto en Japón como en los numerosos países que siguió visitando, Ikeda Sensei creó ocasiones para dialogar con líderes de diversas naciones. Estaba convencido de que tales esfuerzos allanarían el camino hacia un mundo de paz y darían a conocer cabalmente la Soka Gakkai en aquellos países y, de ese modo, protegerían a los miembros locales.

En julio de 1990 realizó su quinto viaje a la Unión Soviética, y se encontró por primera vez con el presidente Mijaíl Gorbachov, quien, a pesar de las críticas, introdujo una fresca brisa de libertad y democracia en el país y en toda Europa Oriental. Su determinación y sus acciones resueltas generaron un punto de inflexión en la historia de la humanidad.

Ilustración del primer encuentro entre Daisaku Ikeda y Mijaíl Gorbachov, entonces presidente de la Unión Soviética | Imagen: Seikyo

Al inicio de su encuentro, Gorbachov expresó un sentimiento compartido por ambos: «Siento como si usted y yo fuéramos amigos desde hace mucho tiempo; como si fuéramos viejos y queridos compañeros que se alegran de estar frente a frente por primera vez» (pág. 169). Durante aquella conversación intercambiaron ideas en torno a temas como las relaciones soviético-japonesas, la Perestroika, y sus expectativas hacia la juventud.

El diálogo resulta fructífero cuando ambas partes dejan a un lado los ornamentos de su posición y su autoridad y conversan a fondo sobre los diferentes problemas, expresando abierta y francamente sus puntos de vista. Jamás debe abordarse una conversación con una conclusión a priori. Pues los nuevos caminos se abren solo intercambiando opiniones sobre cada tema a fondo, con perseverancia y flexibilidad. (Pág. 171)

El 31 de octubre del mismo año, Sensei se reunió en Tokio con otro referente de la humanidad: Nelson Mandela. Tras más de veintisiete años en prisión, Mandela había sido liberado en febrero. Este campeón de los derechos humanos expresó su sincero aprecio: «El papel que desempeña como líder de una organización que crea valores imperecederos en bien de la humanidad y que une a las personas con estos valores es sumamente importante para el mundo. […] Tenía deseos de encontrarme desde el momento en que supe acerca de usted» (pág. 172).  En homenaje a su condicion de «educador humanístico en el sentido amplio de la palabra» (pág. 173), la Universidad Soka confirió a Mandela su Máxima Distinción de Honor.

Paralelamente a esto, desde la Nichiren Shoshu se estaban urdiendo nuevos ataques hacia la Soka Gakkai. El 13 de diciembre, el administrador general del clero presentó al presidente de la organización laica un sobre con una grabación del discurso que Daisaku Ikeda había dado durante la reunión de la sede central celebrada el 16 de noviembre, y lo acompañó de un cuestionario al que pedía responder a por escrito. En aquel discurso, Sensei había aludido a la difusión de las enseñanzas y la promoción de las actividades para desarrollar un movimiento religioso mundial, y había propuesto interpretar el Himno a la alegría de Beethoven. El clero tachó este gesto como una alabanza a la deidad cristiana que transgredía las enseñanzas sagradas del Daishonin.

En los meses siguientes, pese a los números intentos por parte de la Soka Gakkai, la Nichiren Shoshu rechazó reiteradamente el diálogo.

Nichiren Daishonin […] enseñó la importancia de comunicarnos con todas las personas y de buscar el entendimiento, la empatía y el acuerdo a través de la razón y la lógica. Su postura fue completamente diferente a la de imponer una voluntad a través de presiones externas como […] la autoridad. El diálogo es el emblema del humanismo budista. Rechazarlo es un acto que contradice al espíritu del Daishonin. (Pág. 198)

Mientras acusaba a la Soka Gakkai de estar calumniando la Ley, el sumo prelado de la Nichiren Shoshu, Nikken, no tenía reparo en tomar decisiones que, desde la perspectiva de las enseñanzas del Daishonin, bien podían ser descritas como actos contra la Ley. Los miembros de la Soka Gakkai no podían ocultar su disgusto ante esta hipocresía.

A inicios de noviembre de 1991, la Nichiren Shoshu presentó una «Orden de disolución de la Soka Gakkai», en la que acusaba a la organización de no reverenciar al sumo prelado y a los sacerdotes y criticaba, nada menos, que sostuviera la igualdad de condiciones entre sacerdotes y creyentes. Tres semanas después, llegó a la sede central la «Nota de excomunión de la Soka Gakkai», donde la Nichiren Shoshu «excomulgaba» a la organización laica por no haber dado respuesta a la demanda impuesta en el comunicado anterior. La fecha de esta nota, el 28 de noviembre, pasó a recordarse como «el día de nuestra independencia espiritual» (pág. 218).

Un mes después, la Soka Gakkai presentó a Nikken una petición de renuncia como sumo prelado firmada por más de dieciséis millones de personas del mundo entero, un hecho grabado por siempre en los anales del kosen-rufu.

De estos acontecimientos se cumplen ahora treinta años.

Una nueva partida como organización religiosa de alcance mundial | Imagen: Seikyo

[1]Este y los siguientes números de página se refieren a IKEDA, Daisaku: La nueva revolución humana, Vol. 30, Parte II, Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, 2021.

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