Transmitir el budismo a otras personas (2/3)


(Volver a la parte 1/3).

Punto tres, sobre el pasaje: «Si uno de estos buenos hombres y estas buenas mujeres, en la época posterior a mi extinción puede exponer secretamente el Sutra del loto a una persona, aunque sea una sola frase, debes saber que esa persona es el enviado de El Que Así Llega. Ha sido despachado por El Que Así Llega para llevar a cabo su labor».[3]

El Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente señala: El practicante del Sutra del loto actúa como «enviado de El Que Así Llega». «El Que Así Llega» es Shakyamuni, y «la labor de El Que Así Llega» es Nam-myoho-renge-kyo.

«El Que Así Llega» también se refiere a los seres de los diez estados y de los tres mil aspectos. Ahora bien, los verdaderos enviados son Nichiren Daishonin y sus seguidores, quienes hoy entonan Nam-myoho-renge-kyo.[4]

TODOS HEMOS NACIDO COMO EMISARIOS DEL BUDA

Cada uno de nosotros ha nacido en este lugar y en este momento particular como emisario del Buda. Unidos por relaciones kármicas muy profundas, estamos viviendo juntos en esta época dedicados a una noble misión, como maestros y discípulos, y como camaradas de fe.

El pasaje anterior del Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente dice que, desde la perspectiva del Sutra del loto, Nichiren Daishonin y sus seguidores que propagan la Ley Mística en el Último Día son los verdaderos emisarios del Buda.

Además, cuando dice que «“El Que Así Llega” también se refiere a los seres de los diez estados y de los tres mil aspectos», está indicando con ello que todos los seres somos, originariamente, Los Que Así Llegan. En otras palabras, todos somos budas.

Por lo tanto, un «enviado de El Que Así Llega» no es un ser especial. Toda persona que tenga fe en el Gohonzon, entone Nam-myoho-renge-kyo y aliente a otros a mantener esta práctica está llevando a cabo «la labor de El Que Así Llega» y ello la convierte en un genuino enviado del Buda.

No se preocupen. El beneficio que adquieren cuando le transmiten la Ley a alguien, ya sea que esa persona empiece a practicar de inmediato o no, es el mismo. Sin falta, en el momento preciso, sus esfuerzos darán fruto, así que continúen sembrando la semilla de la budeidad.

PROPAGAR EL BUDISMO ES EL CORAZÓN DE LOS BUDAS

El señor Toda elogiaba calurosamente a los miembros que transmitían el budismo a otros. Decía: «Siempre respeten a quienes propagan la Ley Mística y participan en las actividades de la Soka Gakkai, porque ellos están poniendo en práctica la esencia del budismo Nichiren».

Alentaba con empatía a quienes no eran escuchados cuando intentaban hablar sobre budismo con sus conocidos: «No se preocupen. El beneficio que adquieren cuando le transmiten la Ley a alguien, ya sea que esa persona empiece a practicar de inmediato o no, es el mismo. Sin falta, en el momento preciso, sus esfuerzos darán fruto, así que continúen sembrando la semilla de la budeidad».

El espíritu del Buda es el corazón de poner el budismo al alcance de la gente, ya sea que tengamos resultados inmediatos o no. Esta es la sagrada tarea de permitir a todos construir la felicidad, que es el deseo del Buda. Si obramos de este modo, tendremos beneficios incalculables con toda certeza.

A pesar de que, por sus iniciativas de transmitir el budismo a otros, se conviertan en blanco de críticas debido a la falta de entendimiento de los demás, el solo hecho de haber intentado enseñarles establecerá en la vida de ustedes profundas raíces de buena fortuna. La clave está en mantener el corazón abierto, en seguir dando lo mejor, y en orar para que su sinceridad llegue a la vida de los demás y para poder cumplir su misión en el mundo como «emisarios del Buda». Todas sus acciones en este sentido ayudarán a sus semejantes a establecer un vínculo con el budismo. Lo único que necesitan es transmitir la alegría de practicar la fe.

El beneficio será tanto para ustedes como para quienes los escuchen hablar. Recuerden, por favor, que «la voz lleva a cabo la tarea del Buda».[5]

Lo único que necesitan es transmitir la alegría de practicar la fe.

CONSTRUIR UN ESTADO INTERIOR DE FELICIDAD ABSOLUTA

En la Segunda Guerra Mundial, el señor Toda fue arrestado y privado de la libertad por las autoridades militares a causa de sus convicciones. En la cárcel, llegó a comprender que él era un Bodisatva de la Tierra y que había participado en la Ceremonia en el Aire[6] descrita en el Sutra del loto.

A través de esa revelación que experimentó en la celda, sintió con profunda claridad: «¡Soy un Bodisatva de la Tierra!». Y ese instante fue el origen de todo nuestro movimiento global por el kosen-rufu.

Allí, el maestro Toda decidió que trabajaría para ayudar a cada ser humano a descubrir su propia misión como Bodisatva de la Tierra y a sentir el orgullo de ser un enviado del Buda, tal como él había comprendido entre rejas.

El señor Toda no nos pedía a sus discípulos que propagáramos el budismo. En cambio, su esfuerzo estaba puesto en ayudarnos a todos a lograr un estado de absoluta felicidad y a sentir que el solo hecho de vivir era una alegría. Con ese fin, nos urgía a transitar nuestra vida diaria conscientes de ser emisarios del Buda.

VIVIR BASADOS EN NAM-MYOHO-RENGE-KYO

Una vez, pregunté al maestro Toda si enseñar el budismo Nichiren a otros no era, en definitiva, enseñarnos a nosotros mismos.

Me respondió yendo a la esencia de la fe y declarando que cuando enseñamos a otros esta práctica estamos viviendo basados en Nam-myoho-renge-kyo. «Y eso es todo –agregó–. No hay técnicas ni trucos».[7]

¡Qué hermoso es vivir basados en Nam-myoho-renge-kyo!

Esto implica dedicarnos a nuestra misión como emisarios del Buda y como Bodisatvas de la Tierra. Significa que el centro de nuestra vida es el deseo de transmitir a otros la Ley Mística. Cuando vivimos así, la grandeza del budismo se refleja en nuestra actitud frente a la existencia y en nuestra visión de la vida y la muerte. Mientras esta postura y este orgullo de la fe estén en primer plano, naturalmente nos sentiremos impulsados a hablar con nuestros conocidos y contarles lo extraordinaria que es nuestra práctica budista. Si vivimos así, también podemos mostrar la verdad del budismo con el propio ejemplo. Este es el significado de alinear nuestra vida con el ritmo de Nam-myoho-renge-kyo.

Jamás, ni por un segundo, nos apartamos del estado de budeidad. La budeidad está siempre con nosotros, inseparable y presente en nuestra vida. El Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente señala: «La naturaleza de Buda y el cuerpo del buda no son otra cosa que el cuerpo y la mente de los seres vivos».[8] Con esa conciencia, es natural establecer un estado interior que nos permita utilizar sin restricciones la sabiduría, la fuerza y la valentía de los budas.

EL GRANDIOSO ESTADO DE BUDEIDAD QUE ANIDA EN NOSOTROS

El señor Toda declaró: «Propagar la Ley Mística en el Último Día de la Ley significa, sencillamente, decidir “¡Mi vida es Nam-myoho-renge-kyo!”».[9]

Somos personas comunes, inundadas de problemas de toda clase, procurando navegar hacia nuestro destino por las aguas turbulentas de la sociedad. Pero cuando escogemos como misión personal el deseo del Daishonin y asumimos la tarea benevolente de propagar la Ley Mística, liberamos un caudal de fuerza vital capaz de contrarrestar incluso la marea del karma más adverso. El estado de budeidad fluye a cada momento.

Uno de los pasajes del Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente que más valoraba el presidente Makiguchi era el que dice: «El Buda del verdadero aspecto de la realidad reside en el fango y en la ciénaga de los deseos mundanos. Esto se refiere a nosotros, los seres».[10]

El Daishonin nos promete que podremos superar cada obstáculo y cultivar un estado de satisfacción insuperable, que prevalecerá por toda la eternidad. Y que nuestras familias también gozarán de buena fortuna a lo largo de las generaciones futuras. No puede haber, realmente, una mayor causa de orgullo o de alegría.

(Continuar leyendo la parte 3/3).


[3] ↑ SL, cap. 10, págs. 160.

[4] ↑ OTT, pág. 82-83.

[5] ↑ Ib., pág. 4.

[6] ↑ Ceremonia en el Aire: Una de las tres asambleas descritas en el Sutra del loto, en la cual toda la congregación de personas queda suspendida en el espacio por sobre el mundo saha. Va desde el capítulo 11.o, «El surgimiento de la torre de los tesoros», hasta el 22.o, «La transferencia». El corazón de esta ceremonia es revelar la iluminación original del Buda en el remoto pasado y la transmisión de la esencia del sutra a los Bodisatvas de la Tierra, guiados por el bodisatva Prácticas Superiores.

[7] ↑ TODA, Josei: Toda Josei Zenshu (Obras completas de Josei Toda), vol. 2, Tokio: Seikyo Shimbunsha, 1982, pág. 466.

[8] ↑ OTT, pág. 236.

[9] ↑ Ib., pág. 466-467.

[10] ↑ Ib., pág. 91.

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